SÓCRATES: Pero, en verdad, mi querido Critón, ¿es que la opinión de la mayoría ha de tener para nosotros tanto valor? La de los escogidos, la de aquellos cuyo juicio es el que debe importarnos, esta no dudará de que las cosas han pasado como han pasado en realidad.

Diálogo «Critón o del deber», Platón

Espero que me permitas, querido lector, utilizar el blog para desnudar mis pensamientos como hacía antaño, en los orígenes de este secreto gigantesco. Por el título de la entrada espero habrás adivinado su motivación. El resto se cuenta solo, pues la conversación, con ligeras modificaciones, suele seguir siempre el mismo patrón:

– ¿Y cuánto lleváis?
– Acabamos de hacer un año y medio – interviene ella feliz y con rapidez ante una de sus preguntas favoritas –.
– Dieciocho meses y una semana – añade él bromeando para desviar la conversación de un destino que ya ve venir. Spoiler: no lo conseguirá –.
– ¿Lo medís como si fuera un embarazo? – Alguien responde a la broma pero como veremos, no será suficiente –.
– Jajaja, sí, es para que parezca más tiempo.

– Un año y medio… Eso está bien. – No parece que la cortina de humo obtenga resultado. Se dirige al novio con mirada escrutadora. –. Y tú ya trabajas, ¿no? ¿Cuántos años tienes?
– Sí, llevo ya un par de años trabajando. Tengo veintisiete – respuesta concisa y directa. Difícil mandar un globo sonda de nuevo sin parecer maleducado –.
– Veintisiete años, buena edad… Muy bien, ¿y tú también trabajas? – Ahora le toca a ella aprobar el examen –.
– Yo acabo de terminar la carrera y estoy buscando trabajo.
– ¡Ah, qué bien, enhorabuena! Ya verás cómo encuentras algo pronto, al final todo sale – respuesta comodín que en una persona con quien hablas por primera vez bien vale para un roto que para un descosido –.
– Gracias, eso esperamos…
– Bueno, entonces… ¿cuándo os casáis?

No se podía saber que la pregunta iba a llegar. Los novios se miran e intercambian una mirada de resignación.
– Ese es un tema polémico – interviene ella –.
– ¿Polémico por qué? Os queréis, ¿no? – Golpe directo a la entrepierna del novio, que tiene que intervenir veloz para disipar cualquier posible asomo de duda –.
– Sí, claro, por algo estamos juntos.
– Entonces ya está, ¿qué más hay que pensar? – tercia el interlocutor con una sonrisa la mayoría de las veces condescendiente.

Creo haber perdido ya la cuenta de las veces que he vivido una conversación parecida, más si cabe por el hecho de haber asistido a tres bodas en las últimas tres semanas. No juzgo la imprudencia del desconocido que pregunta con poco tacto, ni la inconveniencia de poner en un compromiso a unas personas que acabas de conocer o con quien tienes poco trato. No, mi preocupación radica más en el fondo de la cuestión, en el argumentario que sostienen algunas personas o círculos católicos, por lo que conozco, cuando invitan a unos novios a casarse. Mi intención es señalar lo contraproducente que puede ser para unos novios jóvenes el hacerles comentarios que puedan presionarlos y precipitar la decisión más importante de sus vidas. Y digo que ahí radica mi preocupación porque puede llevar a los novios… a contraer un matrimonio nulo.

Nota: en lo que sigue, al referirme al matrimonio, lo haré refiriéndome al sacramento tal y como lo entiende la Iglesia católica. Como veremos, los requisitos del matrimonio cristiano válido o el concepto de nulidad al que me estoy refiriendo, está lejos del ámbito civil.

¿Qué es la nulidad matrimonial?

Hace varios años saltó la polémica cuando el papa Francisco señaló que la mayoría de los matrimonios católicos son nulos, básicamente porque los novios dicen ‘sí, para toda la vida’, pero no saben lo que dicen, es decir, no saben qué cosa es el sacramento, no se sabe que es indisoluble, no se sabe que es para toda la vida.

Dejando a un lado si el Papa tiene razón en las cifras, detengámonos un segundo a definir qué es la nulidad matrimonial. Un matrimonio católico es nulo cuando la Iglesia, después de una cuidadosa investigación, declara que en realidad nunca existió ese matrimonio porque faltó alguna condición esencial. Algo que se diera sólo posteriormente, aunque fuera al día siguiente de la boda, no sería causa de nulidad: no es lo mismo un matrimonio fracasado que un matrimonio nulo.

Las causas de nulidad pueden ser de varias clases, siendo las más habituales las relativas a defectos en el consentimiento.

El consentimiento debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o de temor grave externo. Ningún poder humano puede reemplazar este consentimiento. Si esta libertad falta, el matrimonio es inválido.

Catecismo de la Iglesia Católica, No. 1628

Es decir, si alguno de los contrayentes se casa con su libertad mermada de alguna forma, su matrimonio es nulo. Por ejemplo, si la mujer se queda embarazada y la pareja es coaccionada de alguna forma para casarse. O si el entorno de los novios de alguna manera les presiona porque llevan mucho tiempo juntos y finalmente contraen matrimonio sin ser plenamente libres ni saber lo que están haciendo. Pero no quiero detenerme más en las posibles causas de nulidad, aquí puedes encontrar más detalles.

Ya tenéis los dos trabajo, ¿cuándo os casáis? O, no tenéis trabajo, ni se os ocurra casaros

Después de dar varias pinceladas sobre las causas de nulidad matrimonial, ¿podríamos decir que tener trabajo y los medios materiales suficientes sería una causa suficiente para plantearse poner una fecha de boda? Parece que no, no sería suficiente el tener razonablemente asegurado el sustento para constituir un matrimonio válido. ¿Podríamos decir lo contrario, que el hecho de carecer de medios materiales sería una causa de nulidad? Indudablemente, tampoco parece ser así. Siempre será mejor tener ciertos medios para iniciar una vida en común, naturalmente, pero no parece que la economía influya, al menos de forma directa, a la hora de contraer un matrimonio válido.

Ya lleváis mucho tiempo juntos, ¿cuándo os casáis? O, no lleváis apenas tiempo juntos, ni se os ocurra casaros

¿Podríamos decir, siguiendo la misma línea de argumentación, que el llevar un tiempo más o menos largo de noviazgo podría ser causa suficiente para casarse? No lo parece. ¿Podríamos aducir lo contrario, que el llevar poco tiempo de noviazgo es impedimento por sí mismo para casarse de forma válida? Tampoco podríamos decirlo: el tiempo no es un requisito para formar un matrimonio válido. Nuevamente, parece que se yerra el tiro si se centra la cuestión en el tiempo de relación.

Os queréis, ¿no? ¿Cuándo os casáis?

Con toda probabilidad, hoy en día prácticamente todo el mundo está de acuerdo en que los novios se casan porque se quieren y si no se quieren no deben casarse. Sin embargo, vale la pena detenerse a valorar qué es lo que queremos decir cuando hablamos de quererse. ¿Nos referimos a un amor que es sencillamente un sentimiento? Si es así, ¿podríamos decir que sentir amor por el otro es un requisito suficiente para casarse? Desde luego, no parece lo único necesario. ¿Podríamos atrevernos a decir que no sería razonable sentar las bases de un matrimonio para toda la vida sobre algo volátil e inconstante como un sentimiento? Desde luego, no parece razonable. Por tanto, invitar a unos novios a que se casen solamente porque están enamorados no parece una buena idea. ¿Diríamos entonces que estar enamorado es innecesario para formar un matrimonio válido? Sin ánimo de ser exhaustivo podríamos decirlo, sí. ¿Cuál es entonces el amor del que estamos hablando y que se les exige a los novios?

Ya comentamos previamente que los novios debían acercarse al matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente. Es ahí, en el amor entendido como ejercicio de la voluntad libre antes que como un mero sentimiento, donde radica el requisito indispensable para formar un matrimonio válido. Cuando se dice «ama a tu prójimo», se dice porque el amor se hace, no somos sujetos pasivos de él como ocurre con los sentimientos que nacen de nuestro interior sin que queramos. Así, el amor se da, decido amarte para toda la vida, nace de una decisión: me caso para quererte, no solamente porque te quiero.

En conclusión, lo que es absolutamente necesario para que el matrimonio sea válido, por lo tanto, es que los novios estén decididos a amarse y respetarse mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del matrimonio, para toda la vida (Rito del Escrutinio de los novios).

Entonces, ¿cuándo os casáis?

Todo noviazgo debe decidirlo libremente y sin presiones de ningún tipo, siendo plenamente conscientes de lo que están haciendo en el momento de la boda. Para ello, igual que para ejercer una profesión uno se prepara durante unos cuantos años y se forma para hacerlo lo mejor posible y contribuir a la sociedad, mi postura es que los novios deben preocuparse por prepararse lo mejor posible para el matrimonio, por conocerse mutuamente y saber a qué se comprometen. En esta línea insiste también el catecismo (No.1632).

De ahí la necesidad; no, la obligación; de sacudirse todo aquello que pueda nublar la libertad de los novios. De probar el amor que ha nacido en ellos, entendiendo su relación como un proceso que va madurando desde la atracción y el deseo pasando por el enamoramiento hasta el amor maduro. De romper la relación si es necesario, de discernir si está fundamentada sobre principios sólidos y estables antes que prometerse simplemente por llevar un determinado número de años. De tener claro el proyecto de vida juntos y conocerse bien antes que precipitarse en la decisión o alargarla sin necesidad en el tiempo. En definitiva, de buscar la voluntad de Aquel que será garante de su matrimonio antes que la seguridad que pueda dar el dinero o el trabajo estable.

En cuanto a mí, en todo esto estamos, feliz y contento de caminar junto a ella y, por qué no, feliz también de que nos hagan la pregunta que encabeza esta entrada porque es un buen síntoma, sea la pregunta imprudente o no.

Eso sí, debo decir que aún no tengo respuesta para esta pregunta, querido lector…