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Hacía algún tiempo que no te traía ningún Fogonazo de Historia, querido lector. No tengo excusa porque lo tengo fácil, ya que este cuatrimestre tengo la asignatura de Historia Medieval y la estoy disfrutando un montón, sobre todo por ser esta una época sobre la que tenía algunas lagunas históricas (por no mencionar lo plagada de mitos y falsas ideas que se escuchan sobre ella). ¿Has oído hablar de los cátaros alguna vez? ¿Y de los valdenses? Aquí, con sólo 3 minutos de tiempo estimado de lectura, vamos a hacernos una idea de quiénes fueron.

Contexto histórico

Durante el siglo XI, se produce un proceso de renovación de la Iglesia, conducido por el papa León IX (1049-1054), que pretendía contrarrestar una serie de males derivados de la feudalización de la Iglesia. La reforma gregoriana se dejó sentir en la doctrina, el clero, la vida monástica e incluso en la política, pues abogaba por la independencia del Papa frente al Emperador, entre otros muchos aspectos. Este proceso de renovación espiritual de la Cristiandad a lo largo de los siglos XI y XII, puede decirse que dio lugar de forma inesperada a una serie de fenómenos heréticos entre los que destacaron los valdenses y los cátaros.

En un inicio, la actitud de las autoridades eclesiásticas ante estos movimientos en la línea más tolerante de tratar de reconducirlos al seno de la Iglesia, antes que aplicar medidas más enérgicas. La represión sólo llegó más tarde, cuando las herejías entraron en conflicto con los dogmas de fe o la autoridad moral de los papas.

Los valdenses

Por ejemplo, la herejía valdense, fundada por Pedro Valdo, un comerciante de Lyon que abandonó toda su vida para dedicarse a la predicación, fue tolerada en un inicio porque sus principios no se alejaban de la ortodoxia del voto de pobreza. Sin embargo, los excesos verbales, los ataques al clero y a la forma de administrar los sacramentos, acabaron provocando la excomunión de sus miembros por el papa Lucio III en 1184. Tras esto, las ramas francesa y española volvieron al seno de la Iglesia, pero otras como la italiana no lo hicieron y fueron duramente perseguidas tras fracasar los intentos de conciliación del papa Inocencio III.

Los cátaros

La herejía cátara o albigense, por su parte, tuvo otra idiosincrasia, ya que llegó a convertirse en una religión distinta, enfrentada abiertamente con el cristianismo y las autoridades eclesiásticas. Su doctrina se basaba en el dualismo proveniente del maniqueísmo oriental, por el cual existe una lucha constante entre el bien y el mal. Dentro de este mal se encontraría todo lo material y terrenal, incluida la Iglesia, que sería, por tanto, creación del mal. Sus seguidores llevaban una vida ascética y estaban obligados a la abstinencia sexual, rechazaban los sacramentos tradicionales e instituyeron incluso el consolamentum, una especie de bautismo, comunión y extremaunción juntas que se administraba antes de la muerte.

El foco fundamental de los cátaros fue desde 1170 la zona del Languedoc, en el sur de Francia, aunque la herejía se difundió extensamente por Italia, Francia y Alemania. En un primer momento, el papa Inocencio III envió legados y organizó debates con los integrantes de la herejía, en los que destacó el español Domingo de Guzmán, fundador posteriormente de la orden de los dominicos. Estas medidas no tuvieron éxito, por lo que el papa optó por predicar la cruzada contra los albigenses solicitando el apoyo del rey de Francia. Hacia 1229, tras algunos episodios como la matanza de Beziers (1209) o la batalla de Muret (1213), en la que murió el rey Pedro II de Aragón al acudir en ayuda de sus vasallos del sur de Francia, la herejía fue definitivamente derrotada. Desde un punto de vista político, el mayor beneficiado fue la Corona francesa, que incorporó la región a sus dominios.

Algunos conceptos clave

  • consolamentum: único sacramento administrado por los cátaros,​​ una especie de bautismo, comunión y extremaunción juntas. De modo diferente que en los sacramentos de la Iglesia Católica, este bautismo no necesitaba agua, se requerían únicamente algunas palabras y el evangelio de San Juan.
  • Excomunión según el Catecismo de la Iglesia Católica (CCE, n.1463): «Ciertos pecados particularmente graves están sancionados con la excomunión, la pena eclesiástica más severa, que impide la recepción de los sacramentos y el ejercicio de ciertos actos eclesiásticos, y cuya absolución, por consiguiente, sólo puede ser concedida, según el derecho de la Iglesia, por el Papa, por el obispo del lugar, o por sacerdotes autorizados por ellos. En caso de peligro de muerte, todo sacerdote, aun el que carece de la facultad de oír confesiones, puede absolver de cualquier pecado y de toda excomunión».

Para profundizar más

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