Querido Orugario,

Tu última carta me preocupó tanto que no pude comer en todo el día. Noté en tus palabras un asomo de duda sobre nuestra labor que sólo puedo explicar por la consumada terquedad de tu humano. Por lo que dices parece luchar fuertemente contra las ideas que le susurras, no dejando que la lógica y la razón de la que hacemos gala penetren en sus pensamientos y socaven sus principios.

Todo esto, querido sobrino, es perfectamente normal. Nuestro trabajo consiste en horadar poquito a poco la piedra, gota a gota, hasta que al final no pueda resistir más la presión. No esperes resultados en un día. Mira la sociedad en la que a tu humano le ha tocado vivir, nuestras huestes están haciendo un gran trabajo y es cuestión de tiempo que renuncie a sus convicciones por no sentirse solo o en un absurdo.

La clave principal reside en que él acabe siendo consciente, de una manera muy sutil, de que esas ideas que tiene no sería capaz de defenderlas en cualquier situación, de que sus principios son sólo intelectuales y no se han hecho carne en él, de que su vida y sus ideas van por caminos separados. Destruye su confianza, destruye cualquier amago de sencillez o humildad y estará más cerca de engordar nuestras filas.

Si está en contra de lo que queremos introducir como «muerte digna», convéncele de que está en contra en la teoría pero no en la práctica porque no sería capaz de ver a un ser querido sufrir de esa manera y llegado el caso seguro que querría poner fin a ese sufrimiento.

Introduce en su cabeza ese concepto de «dignidad» en el que lo bueno es que un hombre que sufre intensamente y sin remedio pueda decidir libremente terminar con su vida. Esa debe ser a partir de ahora realmente la muerte digna y no debe caer en la cuenta de que eso significaría que no ha habido muerte digna hasta ahora. Por eso es vital que le machaques con esa idea, porque disfrazando la realidad a través del lenguaje es como haremos bajar sus defensas. Recuerda lo bien que le fue a nuestros compañeros cuando sugirieron a sus humanos, dedicados a la política, el concepto de interrupción voluntaria del embarazo. ¿Ves la argucia del lenguaje con el concepto de «interrupción»? Así es como se hace.

Volviendo a la eutanasia, es muy importante que le pongas delante la situación más extrema posible para que sus rechazos éticos y morales queden en un segundo plano ante el argumento emocional del semejante que sufre y desea acabar con su vida. Es muy importante que la emoción venza a la razón en este tipo de cuestiones. Esto es mucho más fácil a través de una película o de una serie, cuando está relajado y está menos dispuesto a pensar. Si no sabes qué material utilizar escríbeme para que te recomiende un par de películas muy razonables.

Introdúcele suavemente el concepto de «encarnizamiento terapéutico» y la idea de que está siendo inhumano si se opone a la libertad del enfermo. La palabra Libertad suena muy bien y siempre ha servido perfectamente a nuestros propósitos. Que no piense que la libertad de una persona que sufre con esa intensidad pueda estar mermada por su enfermedad o por el hecho de sentirse una carga para las personas que ama. ¿Qué padre, anciano ya, enfermo y sin más aspiraciones, no querrá evitarle el sufrimiento a sus hijos y nietos de ver cómo su vida se consume entre sufrimientos terribles? Hazle creer que estar en contra de esto es poco menos que ser un sádico que se recrea en el sufrimiento de los demás. ¿Qué hijo no querrá evitarle un sufrimiento como este a su padre? Chitón absoluto sobre los cuidados paliativos, para llevarlo a nuestro terreno debe pensar que la eutanasia es la única opción que existe para evitar terribles agonías en el lecho de muerte.

No debes dejarle que vaya más allá y piense en las consecuencias que tiene una ley como esta a nivel social. No debe conocer lo que ha ocurrido en otros países como Bélgica, Países Bajos o Suiza, que han evolucionado sus medidas para aplicar la eutanasia más rápido de lo deseable y por eso nos han dificultado la tarea de atraer a más naciones hacia el progreso. Manténle desinformado sobre esta cuestión y displicente sobre el concepto de «pendiente resbaladiza» y será todavía más sencillo inclinar su opinión hacia nuestro lado.

No olvides, querido sobrino, que nuestro fin último es disminuir el nivel de tolerancia al sufrimiento de los humanos para que consideren que una vida sin salud, autonomía e independencia no merece la pena ser vivida. Deben pensar que una vida así es demasiado dura para seguir viviendo; aparecerá en ellos así la desesperanza y se rebelarán con más facilidad ante el Enemigo, a quien achacarán sus desgracias o directamente negarán toda posibilidad de su existencia. Esa es nuestra misión principal, no lo olvides, hacerles perder la fe en que exista eso que llaman con cursilería «cielo».

Me he dejado muchas cosas en el tintero, te escribiré pronto con más cuestiones que debes tener en cuenta para que tu misión con el humano tenga el éxito debido.

Se despide tu tío,

Escrutopo

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