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El matrimonio muy de moda no parece que esté. Lo de organizar una boda y el fiestón en sí puede que sí que sea trendy (no hay más que ver a ciertos influencers), pero estaremos de acuerdo en que vivirlo como una tendencia (#bodasconencanto en IG tiene más de 318K publicaciones) o porque toca (es que llevo ya siete años viviendo con mi novia y ya no sé cómo decirle que no) no parece la mejor forma de comenzar una aventura-suplicio que actualmente tiene más del 50% de probabilidades de acabar mal.

Posiblemente llamar suplicio al matrimonio (por no decir cosas peores que se oyen por ahí) no sea la mejor forma de encarar el asunto si se pretende vivirlo con vistas a toda la vida. Si me leyeran los autores de Pijama para dos (Alfonso Basallo y Teresa Díez), probablemente me darían un pescozón y me harían releer su libro hasta que mi mente testaruda asimilara unas cuantas ideas que me ayudarían a alcanzar – presumiblemente – el éxito en esta tortura, digo, aventura maravillosa.

Porque seamos claros: el matrimonio no es fácil. Lo sabe todo el mundo, desde el chaval que juega en el parque con un bigotillo incipiente hasta el conductor del autobús o la vecina cotilla. Sobre todo la vecina cotilla (y rubia para más señas). Y también lo saben los autores del libro, casados desde hace más de 30 años y con siete hijos para más señas.

¿Imprudentes? ¿Lunáticos? ¿Superhéroes? ¿Temerarios? ¿Chapados a la antigua? ¿Reproduciendo roles de hace sesenta años? ¿El autor rancio, con caspa y olor a naftalina? ¿La autora con peluquín y abrigo de visón? ¿Dando consejos desde su mecedora mientras hace punto la una y mirándote fijamente por encima de su periódico tardofranquista el otro? Desde luego, después de leer el libro no ha sido esa la imagen que me hice de ellos. Más bien la imagen que tengo es la siguiente:

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«Bonnie Parker and Clyde Barrow bromean con sus armas». La prensa encumbró a esta pareja que pasó de cometer pequeños robos en gasolineras a ser los criminales más famosos del siglo XX. Fuente: La Vanguardia.

Sí, Bonnie & Clyde, una de las parejas más famosas de todo un siglo, atrapada en una huida que sabían sin fin (porque les perseguía la policía, no porque huyeran de su matrimonio y no pudieran escapar). Bromas aparte, si hace un par de párrafos señalábamos que el matrimonio no es fácil, mal haríamos si no comentáramos la primera frase que aparece en la contraportada y que resume sin ambages la idea central del libro: el matrimonio no es una misión imposible, sino todo lo contrario. El matrimonio es «el estado natural del hombre, el lugar donde hombre y mujer se encuentran como pez en el agua y es posible encontrar la felicidad». Desde luego, no suena a la página de Sucesos, a las tertulias de TeleCirco ni a los discursos de la ministra de Igualdad. Tampoco suena a los matrimonios que se han roto o se han dejado llevar por el hastío (lo que los autores del libro denominan el matrimonio-pantufla). Suena de hecho bastante a la idea de matrimonio cristiano, una fe que por cierto los autores no esconden en ningún momento. Sin embargo, muchas parejas que se casan por la Iglesia también rompen por diversas razones. ¿Cuál es el truco entonces para encontrar esa felicidad prometida? ¿Hay de verdad una manera, una clave para llegar unidos hasta la vejez?

El libro da varias claves, aunque podemos empezar por lo básico sin ánimo de hacer demasiados spoilers. ¿Nunca lo has pensado? Una persona a la que le vaya mal en el trabajo pero al volver a su hogar encuentre el calor de su familia es una persona razonablemente feliz. Una persona exitosa en el trabajo que cuando termina su jornada lo que menos desea es volver al caos de su hogar por el desastre de su matrimonio es una persona probablemente desdichada. Sin embargo, nuestros esfuerzos y nuestra formación siempre van encaminados a alcanzar mayores hitos en el trabajo, más sueldo, mejores condiciones, más reconocimiento y autorrealización. Y rara vez nuestros esfuerzos van encaminados hacia una mejor formación en las relaciones, hacia una afectividad más ordenada, hacia un conocimiento más profundo de nuestro compañero de viaje. Hacia una entrega más verdadera. Esta contradicción tan palpable en nuestra sociedad desarrollada es posiblemente un síntoma de una enfermedad más profunda que acaba manifestándose en la idea que cualquier persona de mi generación (y más allá) tiene del matrimonio. ¿Pero de qué enfermedad estamos hablando? ¿Dónde está el engaño?

Para tratar de vislumbrar todo esto recomiendo la lectura del libro, que encima se lee rápido y bien. Su estilo es claro y directo, a veces incluso demasiado directo, posiblemente porque busca revolver conciencias y despertar a los espíritus dormidos. Su forma de expresar ciertas ideas me ha chocado incluso a mí, que tengo varios tiros pegaos en esta clase de libros [denle like, campanilla y comentario a este post si desean que escriba un post nuevesito con algunas recomendasiones]. La narración de los temas marca al hombre como Casemiro y ofrece el despliegue físico y la contundencia del mejor Gerrard. Empezamos con capítulos como «Por qué no es bueno que el hombre esté solo» o «Pero esta noche moriría por vos» (sí, suena Amaral) y sin darnos cuenta estamos ya con «Casar las almas» o «¿Puede acabarse el amor»? Como te decía, marcaje férreo y sin fisuras: al grano.

«Moriría por vos» de Amaral es mencionada explícitamente en el libro y tiene menos de treinta años. Sí, esto es noticia.

Para ir terminando este amago de reseña, no podía dejar de comentar brevemente que el libro está salpicado de referencias literarias, musicales y cinematográficas que hacen su lectura mucho más amena e interesante. Eso sí, si eres millenial o generación Z (¿qué vendrá después de la ‘Z’?), prepárate a buscar en películas de hace más de 20 años, en hits de los 70 o en libros que en su mayor parte ya tienen la denominación de clásicos. ¿A quién se le ocurriría citar a Hamlet o a Julio César en un libro escrito principalmente para jóvenes adultos varios? Con todo y con esto, este es uno de los aspectos del libro que más me han gustado.

Conclusión

No pretendo hacer spoilers del libro respondiendo a los interrogantes que han ido salpicando esta entrada, querido lector. Me basta con que aprecies una necesidad: las ganas de amar no más, sino mejor. La vocación de construir algo sólido y duradero con la persona a la que amas. La voluntad de formarte para conocer a esa persona en toda su riqueza. Porque para tratar de cortar esta hemorragia formativa y poner en dirección correcta el GPS se escribió Pijama para dos.

El 22 de abril hará sesenta años que nos casamos.
– Eso es mucho tiempo.
– Lo es. No lo parece pero lo es. Vino con su familia desde Oklahoma en una carreta cubierta. Nos casamos cuando los dos teníamos diecisiete años. Pasamos la luna de miel en la feria de Dallas. No querían alquilarnos una habitación. Ninguno de los dos aparentaba edad de estar casado. No ha pasado un solo día en estos sesenta años que no haya dado gracias a Dios por esa mujer. Yo no he hecho nada por merecerla, puedes creerme.

Cormac McCarthy, Ciudades de la llanura
«Matrimonio de la Virgen María con san José». Vidriera. La iconografía de San José suele presentarle con una vara florida, ya que según una serie de leyendas apócrifas el bastón de san José floreció entre todos los que aspiraban a casarse con María. Fuente imagen: @Cathopic

BONUS: Gráficos del INE sobre el matrimonio en España

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«Matrimonios de diferente sexo por lugar de celebración (2009-2018)». Total nacional. Fuente: INE
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«Matrimonios de diferente sexo por lugar de celebración (1946-2018)». Total nacional. Fuente: INE
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«Nulidades, separaciones y divorcios (2009-2018)». Total nacional. Fuente: INE.

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