Probablemente los mejores recuerdos de mi infancia tienen que ver con los Reyes Magos y la noche en la que aparecen mágicamente trayendo regalos a todos los niños del mundo. Quizás te pase como a mí y establezcas la frontera del final de tu infancia en el momento en el que descubriste por boca de tu madre, de tu padre o de algún amigo que sus Majestades de Oriente no montaban exactamente en camellos ni venían de lugares muy muy lejanos. Hoy, esta noche, sin embargo, y a mis veintiséis años de edad cuasi-adulta, reivindico a los Reyes Magos. Es más, me atrevo a decir que existen.

Dice el filósofo Julián Marías en el vídeo que puedes encontrar más abajo que la ilusión tiene que ver con «el deseo que tiene un argumento y está proyectado hacia el futuro». Dice también que si bien «hay ciertos deseos que cuando se logran se terminan, la ilusión no, persiste, es inagotable». Y pone como ejemplo una cara humana, que «nunca se termina de ver, está viva, es un manantial del cual el hombre nunca se sacia», y más todavía «si es una cara amada».

El hombre necesita tener deseos y es bueno y vital que los tenga. Una vida ilusionada no sólo es mucho más vida sino que además es mucho más interesante. Ilusión por saber, por aprender, por conocer al otro y a uno mismo, por mejorar, por encontrar el amor, por visitar un sitio, por tener una mascota, por tocar un instrumento, por celebrar con tu familia o por formar una, por disfrutar de la belleza, por encontrar la verdad, por alcanzar el bien, por crecer, en definitiva.

Dicen que el hombre no es hombre hasta que no oye su nombre de labios de una mujer

Antonio Machado

Y toda esta ilusión la encarnan como nadie los Reyes Magos, dentro de una tradición que no es sino «democracia prolongada a través del tiempo», como diría Chesterton. Porque algo muy profundo y verdadero deben encerrar los tres sabios de Oriente cuando seguimos celebrándolos a pesar de la confusión de nuestras raíces, de un mundo cada vez más globalizado, de la desaparición de la ilusión en tantos ámbitos de nuestras vidas y de las importaciones anglosajonas que como sucedáneos tratan de convencernos de que un trineo tirado por renos es lo mismo (o mejor) que tres camellos.

Pero no, no son lo mismo. No son lo mismo porque Melchor, Gaspar y Baltasar eran tres sabios cada uno de una tierra completamente diferente que buscaban en el estudio de las estrellas respuestas a sus preguntas y todos buscamos respuestas a nuestras preguntas. Buscaban con ahínco la Verdad y eso lo hacemos todos los días sin darnos cuenta. Sin embargo, no sabemos muy bien si Papá Noel mira las estrellas en su telescopio ni si busca algo más que optimizar su taller de duendes.

No son lo mismo porque los Reyes Magos decidieron salir de su tierra en pos de una estrella y dentro de nosotros existe el mismo deseo aunque a veces no acertemos a expresarlo con palabras. No sabemos tampoco si el domador de renos salió alguna vez de su tierra en el pleno sentido de la palabra. No son lo mismo porque cada Rey Mago procede de un punto del planeta distinto y Papá Noel viene de un sitio en el que nadie quiere vivir. Los Reyes Magos son universalidad y encuentro en la diferencia, Papá Noel es frío polar y subidón de azúcar coca-cólico.

Campaña de Coca-Cola durante la década de 1920 con Papá Noel de protagonista. Fuente: @The Coca-Cola Company

No son lo mismo, en definitiva, porque entre tres personas puede darse la comunión y el amor, y entre una, yo conmigomemismo, eso suena a imposibilidad lógica. Los Reyes Magos son comunidad, Papá Noel es un pálido reflejo del individualismo.

El hombre, cuando tiene plenamente ilusión, se desvive por algo, la ilusión nos lleva a ese algo de forma irrevocable. Esa forma de desvivirse es la plenitud del vivir.

Julián Marías

Por todo esto y muchas cosas más los Reyes Magos existen. No sólo a nivel intelectual o tradicional, sino porque también se pueden vivir. Yo he vivido pedirles imposibles y que se cumplieran, porque los Reyes Magos beben de la ilusión de que no hay imposibles. Los Reyes Magos son reales porque la ilusión está presente en el hombre y cuando hay algo imposible para ti que pides con y desde el corazón y se cumple… entonces cualquier cosa puede pasar. Y eso es tremendamente ilusionante.

Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»

Mc 10, 27

Y por eso he escrito hoy esto, para hacer memoria y no olvidarme nunca, en plena noche de Reyes, esta mi carta para ellos tan particular. La noche en que todo es posible. La noche en la que se pone de manifiesto (epifanía), un poder y una sabiduría que no somos capaces siquiera de imaginar. Esta sabiduría es la que encontraron los Reyes Magos en un humilde pesebre y que tengo la ilusión y la esperanza también de encontrar algún día. Por eso escribí esta carta hoy desde la ilusión de un niño que cierra los ojos y extiende los brazos delante de su padre para acoger un regalo mucho mejor del que podía haber imaginado.

Fuente: @Cathopic.com

Bonus track: Noel, no.

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