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Tres momentos en que la mitología griega anticipó a Black Mirror

Generado con la IA de Gemini

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Un televisor no es solo un mueble en el salón: en muchos hogares se ha convertido en casi un altar doméstico donde se narran historias que, sin saberlo, repiten los viejos mitos griegos. Una serie que muestra esto como pocas es Black Mirror, esa colección de parábolas tecnológicas donde la conciencia del televidente es golpeada sin piedad para mostrarnos una realidad distópica… que en muchos capítulos parece más cerca de lo que queremos creer.

Black Mirror se convirtió en la década de 2010 en el acervo común de toda la generación millenial (y no tan millenial) a la hora de explicar los peligros de la tecnología. Gran parte de su éxito radica en que sus capítulos en el fondo hablan de todo aquello que nos sigue interpelando como seres humanos: culpa, deseo de eternidad, obsesión con uno mismo, celos en la pareja, búsqueda del ser, cómo afrontar el duelo, el significado del amor. Todo aquello que ya estaba en los mitos griegos, en el germen de la civilización occidental. La tecnología cambia el decorado, pero no el corazón.

[ATENCIÓN: CONTENIDO CON SPOILERS]

Sísifo y White Bear: el castigo sin memoria

En el mito, Sísifo está condenado por desobedecer a Zeus a empujar una roca montaña arriba para verla caer una y otra vez. No hay avance, no hay sentido, no hay final. Solo repetición.

En White Bear (2×02), Victoria se despierta sin recordar quién es. Empieza a explorar su entorno y acaba viendo cómo todo el mundo la persigue grabándola con sus teléfonos sin decirle una sola palabra. Al final descubre que cada día es sometida al mismo parque de atracciones de tortura a causa del crimen que cometió, cada día su memoria es borrada y su sufrimiento convertido en espectáculo.

La roca de Sísifo aquí no es de piedra, sino de memoria: cada amanecer Victoria vuelve a empujar el peso de su culpa sin poder integrarla. La repetición no la purifica, solo la deshumaniza; vive una auténtica pesadilla teológica: un castigo sin posibilidad de conversión, una culpa que no puede ser perdonada porque nunca llega a ser verdaderamente asumida. Y cuando esa culpa puede llegar a serlo su memoria es borrada de nuevo. Sísifo era castigado por los dioses; Victoria lo es por otros humanos que han asumido el papel de dioses menores, armados con smartphones.

Calipso y San Junípero: el paraíso que no te deja volver a casa

En La Odisea, la ninfa Calipso retiene a Ulises durante años en su isla. Le ofrece una vida sin vejez ni muerte. Y, sin embargo, Odiseo sabe que esa eternidad es una cárcel disfrazada de abrazo y acaba prefiriendo la finitud del regreso a Ítaca.

San Junípero (3×04) cuenta algo parecido. Dos mujeres se encuentran en un sistema donde las conciencias pueden vivir eternamente en una simulación digital tras la muerte. Todo es alegre, feliz y placentero. O eso parece. ¿Es ese mundo un consuelo o una versión sofisticada de la isla de Calipso, donde la muerte se suspende a costa de renunciar al misterio de una vida que termina?

La mitología griega ya intuía que la eternidad sin cuerpo, sin regreso, sin historia, puede ser un infierno dulce. San Junípero deja esa intuición en suspenso y en muchos momentos ese mundo se antoja deseable, siendo para muchos el único final feliz de la serie. Para la fe cristiana, más en línea con los griegos clásicos, la vida eterna no es un bucle de juventud infinita, sino comunión; no es congelar el tiempo, sino llevarlo a plenitud en el amor.

Narciso y Toda tu historia: mirarse hasta desaparecer

El mito de Narciso es sencillo: un joven que se enamora de su propia imagen en el agua y acaba consumiéndose en esa contemplación, ahogándose en el lago por ser incapaz de volverse hacia Eco, la mujer que le ama. El amor se repliega sobre sí mismo hasta volverse autodestrucción.

En Toda tu historia (1×03), los personajes llevan un implante, el «grano», que graba todo lo que ven y oyen. Pueden rebobinar su vida, revisar detalles, hacer zoom sobre cada gesto, cada recuerdo. Lo que parecía una ayuda se convierte en veneno: la relación sentimental del protagonista se deshace bajo el peso de la sospecha y la obsesión.

Narciso ya estaba ahí: cuando la mirada se encierra en sí misma, el otro deja de ser alguien para convertirse en objeto. El dispositivo no crea el problema, solo lo amplifica. Una relación sana con el pasado implica memoria, sí, pero también olvido. Sin la posibilidad de dejar de mirar ciertas escenas, de perdonar y perdonarse, la vida se paraliza.

Para qué sirve entonces un televisor

Quizá la mejor lección de estos tres encuentros entre mitología griega y Black Mirror no sea un “apaguen todos sus pantallas”, sino algo más exigente: mirar siempre más allá.

Un televisor puede ser anestesia, pero también puede ser un lugar donde reconocer, a través de historias extremas, qué está pasando en el propio corazón:

  • Cuándo se desea castigar sin redimir, como en White Bear.
  • Cuándo se busca un paraíso sin cuerpo ni límite, como en San Junípero.
  • Cuándo se prefiere la imagen al encuentro real, como en Toda tu historia.

Al final, la pregunta no es si la mitología griega anticipó a Black Mirror, sino si dejamos que lo que vemos nos devuelva a la realidad con más lucidez… o solo con más ruido.

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