Si tuvieras que comparar la primera y única temporada de El joven Sherlock con algo del salón, sería con una playstation 5 recién estrenada: potencia de sobra, diseño atractivo, catálogo prometedor… pero con algún juego que todavía no aprovecha todo lo que lleva dentro. La serie de Prime Video, creada por Matthew Parkhill y producida por Guy Ritchie, intenta algo arriesgado: contar la adolescencia de Sherlock Holmes sin convertirla en un simple prólogo de lo que ya conocemos.
Un Sherlock adolescente en modo origen
Cinematográficamente, la serie apuesta por un tono híbrido: mezcla el relato de iniciación en un internado británico con thriller conspirativo que llega hasta las altas esferas. El joven Sherlock que encarna Hero Fiennes Tiffin no es todavía el genio frío de las novelas, sino un chico impulsivo, brillante a ratos, torpe en otros, que piensa tanto con la cabeza como con los puños.
La puesta en escena es cuidada: fotografía elegante, diseño de producción sólido, buen aprovechamiento de decorados victorianos y un montaje que busca ritmo sin caer en el videoclip permanente. En ese sentido, la serie se sitúa en una línea intermedia entre el clasicismo de Granada TV (la etapa de Jeremy Brett) y el nervio de las películas de Guy Ritchie con Robert Downey Jr., sin llegar del todo a la sofisticación visual de Sherlock (BBC).
Entre Guy Ritchie y la tradición
Uno de los atractivos es ver cómo la cámara y el guion dialogan con otras encarnaciones del personaje. Hay ecos claros de Young Sherlock Holmes (El secreto de la pirámide) y de Harry Potter, tanto en el internado como en la mezcla de misterio con aventura juvenil. También hay guiños al estilo Ritchie: peleas coreografiadas, humor seco, personajes secundarios pintorescos.
Sin embargo, la serie no rompe del todo con la tradición: mantiene ciertos rasgos canónicos (la observación aguda, el gusto por el detalle, la sombra constante de Moriarty) y procura que el espectador pueda reconocer que ese adolescente desorientado será, algún día, el detective del 221B de Baker Street.
Virtudes y límites de la propuesta
La principal virtud de El joven Sherlock está en la factura visual y en la idea de fondo: mostrar que el mito también tuvo escombros, errores y heridas. Cinematográficamente, funciona bien cuando se concentra en el conflicto interior del protagonista y en la tensión entre familia, institución y vocación.
Sus límites aparecen cuando el tono se vuelve irregular: el misterio pierde fuerza en algunos episodios, la serie duda entre ser drama adolescente, thriller político o aventura de internado, y ese titubeo hace que el potencial que parecía albergar se quede a medio gas. Aun así, en muchos momentos se aprecia lo que la serie puede llegar a ser en las próximas temporadas.
Vista en conjunto, El joven Sherlock hasta ahora (recordemos que solo está disponible la primera temporada) es como un buen juego de lanzamiento para tu playstation 5: no es la obra maestra definitiva, pero sí un título que merece repasarse, sobre todo si te interesa ver al viejo Holmes en modo “origen”, descubriendo que la inteligencia también se aprende a base de tropiezos.
