La película Nunca es demasiado tarde o Still life (Uberto Pasolini, 2013) narra las peripecias de John May, un empleado del ayuntamiento encargado de encontrar a los parientes más cercanos de las personas que han muerto solas. En un momento muy significativo de la cinta, un gerente del ayuntamiento le plantea a John si no será mejor no hacer el trabajo que está haciendo, ya que supone un sufrimiento para los familiares de los fallecidos (que normalmente habían perdido el contacto con ellos por alguna razón) y, en cualquier caso, los muertos no se lo pueden agradecer puesto que están muertos.

Cartel promocional de «Still Life» o «Nunca es demasiado tarde». Eddie Marsan encarna a John May, un funcionario modesto cuyo trabajo es encontrar a los parientes de personas que han muerto solas.

Tomás, ¿sabes que hoy 2 de noviembre es la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos?

Sí, claro que lo sé, por algo es fiesta. Pero a los difuntos no les importa que les conmemoremos, ni cuánta gente asistió a su funeral, ni si su tumba está bien cuidada y tiene flores, ni si les recordamos de vez en cuando en un lamento, en un llanto, en un echar de menos o en una oración la gente que cree. Los muertos no lo pueden agradecer puesto que están muertos.

No les importa entonces, ¿no?

Bueno, no les importa porque al fin y al cabo ahora mismo son polvo, han dejado de existir. Entiendo que a los vivos nos importe porque somos humanos, todos tenemos seres queridos que han muerto y necesitamos de alguna manera recordarlos, mantener la llama viva de su memoria.

¿Y qué ocurre si al fallecido no le queda nadie que le recuerde o los que quedan no quieren tener absolutamente nada que ver con él?

Probablemente su vida no tuvo sentido y ahora pertenece a la nada. Al fin y al cabo, está en nuestra naturaleza el querer perpetuarnos, ser eternos, dejar una huella permanente en el universo, y si no queda nadie que te recuerde ese objetivo vital ha quedado incumplido. Por eso la gente tiene hijos, para dejar un legado a través de sus genes.

Pero tú no tienes hijos ni quieres tenerlos.

No, para mí eso no tiene sentido por mucho que esté en cierto modo en mi naturaleza. De igual forma, tampoco busco el dejar una huella permanente en el universo. Sé que no llegaría a tanto. Sólo busco exprimir al máximo cada segundo, trabajar lo suficiente para poder costearme todos los viajes que quiero hacer alrededor del mundo y disfrutar mientras me lo permita la salud.

Pero te estás contradiciendo, ¿no? Antes has dicho que si un muerto no tiene nadie que le recuerde su vida no tuvo sentido, y ahora me describes un modo de vida que parece conducir inevitablemente a la soledad.

No, no, no me contradigo por la sencilla razón de que no he dicho que busque una vida plena de sentido. Sinceramente, no creo que lo haya de ninguna de las maneras. Por mucho que haya gente que te recuerde al morir, en dos o tres generaciones, cuando tus nietos mueran, nadie lo hará. E igualmente eso tampoco importa porque tú ya estarás muerto. Los muertos no lo pueden agradecer puesto que están muertos.

Vale, pero si, como dices, la vida no tiene sentido, ¿para qué vivir? ¿Para disfrutar sin más? ¿No nos valdría más ponerle fin directamente como El extranjero de Camus?

No, hombre, tampoco es eso. Podemos vivir sin más, sin preocuparnos excesivamente por la muerte.

Supongo que se puede sobre-vivir así pero al final todos vamos a morir. Viviendo así, ¿no estaríamos perdiendo un tiempo valioso para reflexionar sobre ello?

Tampoco vas a descubrir nada, mira cuánta gente ha pensado en estas cosas sin llegar a ninguna conclusión valiosa.

Aun asumiendo que a lo largo de la historia pensar en todo esto no hubiera servido para nada, que lo discuto, ¿renunciamos entonces a la pregunta de por qué hay algo en lugar de nada? ¿La banca gana por incomparecencia del concursante? ¿Gana Sauron porque no tiene sentido salir de Hobbiton?

Es que yo no necesito que la vida tenga sentido. Yo estoy bien con mi vida tal y como es. Mi trabajo, mi novia, mis amigos, mis padres, mis hobbies y mis hobbits, mis viajes cuando puedo… No me hace falta más.

Bueno, eso está todo muy bien pero, ¿nunca has pensado que la vida es mucho más aunque tú digas que no te hace falta nada más? ¿Nunca has experimentado un vacío interior, una insatisfacción profunda, un deseo de algo eterno (como el amor), una sed que no se puede saciar? ¿Algo que no puedes colmar con nada?

Sí, la verdad es que sí, a veces no me siento satisfecho. Pero es normal porque en el fondo nada tiene sentido tampoco. Disfrutas los buenos momentos porque sabes cómo son los malos, ¿no?

Pues para mí, esa insatisfacción ya es indicativa de algo más. De un sentido que está velado para nosotros. ¿No te llama la atención que tengamos esa sed de infinito siendo seres finitos como somos? ¿No te parece curioso que tengamos necesidad de verdad y no de mentira? ¿No te sugiere nada que busquemos tanto la belleza y rechacemos incluso por instinto la fealdad? ¿Que deseemos el amor y no otra cosa? ¿Tú no tienes un sentimiento de ser extraño en un país extraño, como decía el poeta Tagore?

Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás.»

Jn 4, 13-14

Buff, muchas preguntas son esas. Tengo que irme ya. Mis padres me esperan para ir al cementerio. Ya sabes, hoy toca. Por mi abuela. Ya seguiremos hablando de esto, John.

Claro, tío, cuando quieras. Aquí estaré. Nunca es demasiado tarde.


Hoy recuerdo a mi abuelo Juan, a mi abuela Carmen y a tantos otros. El amor verdadero sabe que ese amor no muere nunca y que ni la muerte lo vence. También en recuerdo de los que murieron solos, hubieran hecho algo para merecerlo o no. Padre Nuestro.

El viaje no termina aquí. La muerte sólo es un camino que todos tenemos que tomar.

Gandalf – El Retorno del Rey, J.R.R.Tolkien