Con motivo del Jubileo de la Esperanza, hace varios meses visitamos en peregrinación con la comunidad la espléndida Catedral de Burgos, un edificio de enorme importancia histórica y religiosa para España, escenario de mil y un avatares históricos que están perfectamente recogidos en la web de la catedral, la cual alberga además un escape room virtual con el que visitar la catedral virtualmente si no tienes la posibilidad de ir in situ.
Nuestra visita era presencial, así que para prepararla acabó en mis manos una audiencia de Benedicto XVI titulada «La Catedral desde la arquitectura románica a la gótica, el trasfondo teológico» que me hizo casi todo el trabajo. Lo que sigue es una adaptación de dicha audiencia a la historia concreta de la catedral burgalesa junto con algunas reflexiones que espero ayuden al querido lector.
El origen de las catedrales del Medievo
La fe cristiana, profundamente arraigada en los hombres y las mujeres de aquellos siglos inspiró también una de las creaciones artísticas más elevadas de la civilización universal: las catedrales, verdadera gloria del Medievo cristiano. Durante casi tres siglos, a partir de comienzos del siglo XI, en Europa se asistió a un fervor artístico extraordinario. Un antiguo cronista describe así el entusiasmo y la laboriosidad de aquellos tiempos:
Sucedió que en todo el mundo, pero especialmente en Italia y en las Galias, se comenzaron a reconstruir las iglesias, aunque muchas de ellas, que todavía estaban en buenas condiciones, no necesitaban esa restauración. Era como una competición entre un pueblo y otro; parecía que el mundo, liberándose de los viejos andrajos, por todas partes quisiera revestirse del blanco vestido de nuevas iglesias. En definitiva, los fieles de entonces restauraron casi todas las iglesias catedrales, un gran número de iglesias monásticas e incluso oratorios de pueblo.
Rodolfo el Glabro, Historiarum 3, 4
Este renacimiento de la arquitectura religiosa se debió a factores como la mejora de ciertas condiciones materiales como la mayor seguridad política, el aumento de población o el desarrollo de las ciudades y del comercio. Pero el factor principal fue el entusiasmo y el celo espiritual del monaquismo en plena expansión, fruto del cual surgieron las iglesias abaciales, en las que se podía celebrar la liturgia con dignidad y solemnidad, y los fieles podían permanecer en oración, atraídos por la veneración de las reliquias de los santos, meta de incesantes peregrinaciones (como el Camino de Santiago).
Así nacieron las iglesias y las catedrales románicas, caracterizadas por el desarrollo longitudinal —a lo largo— de las naves para acoger a numerosos fieles; iglesias muy sólidas, con gruesos muros, bóvedas de piedra y líneas sencillas y esenciales. La introducción de las esculturas representa una novedad. Al ser las iglesias románicas el lugar de la oración monástica y del culto de los fieles, los escultores, más que preocuparse de la perfección técnica, cuidaron sobre todo la finalidad educativa. Puesto que era preciso suscitar en las almas impresiones fuertes, sentimientos que pudieran incitar a huir del vicio, del mal, y a practicar la virtud, el bien, el tema recurrente era la representación de Cristo como juez universal, rodeado por los personajes del Apocalipsis. Por lo general esta representación se encuentra en los portales de las iglesias románicas, para subrayar que Cristo es la Puerta que lleva al cielo. Los fieles, al cruzar el umbral del edificio sagrado, entran en un tiempo y en un espacio distintos de los de la vida cotidiana. En la intención de los artistas, más allá del portal de la iglesia, los creyentes en Cristo, soberano, justo y misericordioso, podían saborear anticipadamente la felicidad eterna en la celebración de la liturgia y en los actos de piedad que tenían lugar dentro del edificio sagrado.
Un rey santo en la villa de Burgos
En los siglos XII y XIII, desde el norte de Francia se difundió otro tipo de arquitectura en la construcción de los edificios sagrados: la arquitectura gótica. Don Mauricio, obispo de Burgos, había sido enviado a conocer las catedrales francesas y volvió a Burgos con un modelo de catedral nuevo que obligó a eliminar la antigua catedral románica (construida en 1180), donde se había celebrado el matrimonio del rey Fernando III el Santo con Beatriz de Suabia en 1219. Dos años después de pondría la primera piedra del nuevo templo (el 21 de julio de 1221), obligando a demoler la antigua catedral donde se había casado el rey. La gran preocupación del rey en ese momento es el avance de la reconquista, y la construcción de las grandes catedrales en territorio hispano.
Merece la pena detenerse en la figura de Fernando III el Santo, el único rey hispano proclamado santo (San Fernando).
- Unió definitivamente las coronas de Castilla y León y reconquistó casi toda Andalucía.
- Se reconcilió con su padre (Alfonso IX de León), evitando derramamiento de sangre por el trono de Castilla.
- Crea la Universidad de Salamanca y construye las grandes catedrales hispanas (Burgos, Toledo, León y Palencia).
- Tenía fama de santidad. Oraba fervorosamente antes de cada batalla. Austero y penitente le vemos adornado de todas las virtudes propias del caballero cristiano de su época. De él se dijo que “no conoció el vicio ni el ocio”.
- Según las crónicas, murió acostado sobre ceniza, con una soga al cuello y una vela encendida en la mano, dando sabios y prudentes consejos a su hijo Alfonso y pidiendo perdón a todos los presentes.
- Fue sepultado en la Catedral de Sevilla.
El gótico y el camino de la belleza
El gótico presentaba dos características nuevas respecto al románico, que eran el impulso vertical y la luminosidad. Las catedrales góticas mostraban una síntesis de fe y de arte expresada con armonía mediante el lenguaje universal y fascinante de la belleza, que todavía hoy suscita asombro. Gracias a la introducción de las bóvedas de arco ojival, que se apoyaban en robustos pilares, fue posible aumentar considerablemente la altura. El impulso hacia lo alto quería invitar a la oración y él mismo era una oración. De este modo, la catedral gótica quería traducir en sus líneas arquitectónicas el anhelo de las almas hacia Dios.
Un ejemplo de esto en Burgos es la aguja que sirvió de cimborrio sobre el crucero (1460-1475), que se eleva y se eleva hasta ser uno de los símbolos de la catedral. Pero el actual no es el cimborrio original, ya que este se derrumbó en 1539 por falta de soporte estructural, afortunadamente sin víctimas mortales. Aquella catástrofe encarna perfectamente el misterio de cómo de una desgracia Dios acabó sacando algo bueno, ya que el Cabildo reaccionó rápidamente y comenzó la reconstrucción con el apoyo de todo el pueblo de Burgos para acabar convirtiendo el nuevo cimborrio en una de las obras arquitectónicas más importantes de la catedral; es la linterna o cúpula más bella de todo el Renacimiento español. De él decía Felipe II que «más parece obra de ángeles que de hombres«. En ella se encuentra la siguiente inscripción: IN MEDIO TEMPLI TUI LAUDABO TE ET GLORIAM TRIBUAM NOMINI TUO QUI FACIS MIRABILIA. Este texto está tomado de una paráfrasis o combinación de varios versículos del Salmo 48 y del Salmo 86 y nos indica el sentido de la obra: “En medio de tu templo te alabaré y daré gloria a tu nombre porque haces maravillas”. Aprovechemos este hecho también para elevar también como el cimborrio nuestras almas a Dios, para darle gracias porque hace maravillas, aunque a lo mejor ahora no lo veamos o estemos viviendo un sufrimiento grande. Pidámosle la virtud de la esperanza en este año jubilar para esperar en Él y para volver a alabarlo, para hacer memoria también de tantas veces en las que Dios, de un acontecimiento de muerte, ha sacado vida para nosotros.

Volviendo al gótico, con las nuevas soluciones técnicas adoptadas, los muros perimétricos podían ser perforados y embellecidos con vidrieras polícromas. Así, las ventanas se convertían en grandes imágenes luminosas, muy adecuadas para instruir al pueblo en la fe. En ellas —escena tras escena— se narraba la vida de un santo, una parábola u otros acontecimientos bíblicos. Desde las vidrieras coloreadas se derramaba una cascada de luz sobre los fieles para narrarles la historia de la salvación e implicarlos en esa historia. Por ejemplo, en la vidriera de la Puerta del Sarmental (oeste) puede verse al arzobispo con un báculo instruyendo a todo el pueblo.

Otra cualidad de las catedrales góticas es que, en su construcción y su decoración, de modo diferente pero coral, participaba toda la comunidad cristiana y civil; participaban los humildes y los poderosos, los analfabetos y los doctos, porque en esa casa común se instruía en la fe a todos los creyentes. La escultura gótica hizo de las catedrales una «Biblia de piedra», representando los episodios del Evangelio e ilustrando los contenidos del año litúrgico, desde la Navidad hasta la glorificación del Señor, sin olvidarnos de los personajes del Antiguo Testamento, cuya historia llegó a ser familiar para los fieles que frecuentaban las catedrales, como parte de la única y común historia de salvación. En aquellos siglos, por otro lado, se difundía cada vez más la percepción de la humanidad del Señor, y los sufrimientos de su Pasión se representaban de modo realista: el Cristo sufriente (Christus patiens) se convirtió en una imagen amada por todos, que inspiraba compasión y arrepentimiento de los pecados.
Un ejemplo de esto es el Santo Cristo de Burgos (segunda mitad del siglo XIV), que fue una de las devociones más extendidas en época medieval. Su culto fue creciendo con el paso del tiempo hasta el punto de que, en el siglo XVIII, era considerada la segunda mayor devoción en España después de la de Santiago de Compostela. Es una talla gótica que representa a Jesús muerto en la Cruz. La figura es articulada y en ella se emplean materiales muy singulares para la imaginería medieval. Esto le confiere un aspecto extremadamente realista. Personalidades como Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, y santos como Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier o San Juan de Sahagún rezaron ante el Cristo.
La escultura gótica del siglo XIII, con sus rostros llenos de belleza, de dulzura, de inteligencia, revela una piedad feliz y serena, que se complace en difundir una devoción sentida y filial hacia la Madre de Dios, vista a veces como una mujer joven, sonriente y materna, representada principalmente como la soberana del cielo y de la tierra, poderosa y misericordiosa (por ejemplo, intercediendo por los hombres en el Juicio Final como se ve en la Puerta de Coronería o en la Virgen con el Niño que está encima de la entrada a la capilla del Cristo de Burgos). A los fieles que llenaban las catedrales góticas les gustaba encontrar en ellas expresiones artísticas que les recordaran a los santos, modelos de vida cristiana e intercesores ante Dios. Y no faltaron las manifestaciones «laicas» de la existencia: en muchas partes aparecían representaciones del trabajo en los campos, de las ciencias y de las artes. Todo estaba orientado y se ofrecía a Dios en el lugar donde se celebraba la liturgia.

Podemos comprender mejor el sentido que se atribuía a una catedral gótica, considerando el texto de la inscripción grabada en el portal central de la Basílica de Saint-Denis, en París:
Visitante, que quieres alabar la belleza de estas puertas, no te dejes deslumbrar ni por el oro ni por la magnificencia, sino más bien por el fatigoso trabajo. Aquí brilla una obra famosa, pero quiera el cielo que esta obra famosa que brilla haga resplandecer los espíritus, a fin de que con las verdades luminosas se encaminen hacia la verdadera luz, donde Cristo es la verdadera puerta.
Portal central de la Basílica de Saint-Denis, París
Dos elementos útiles para nosotros. El primero: las obras maestras en el campo del arte nacidas en Europa en los siglos pasados son incomprensibles si no se tiene en cuenta el alma religiosa que las inspiró. Marc Chagall, un artista que siempre testimonió el encuentro entre estética y fe, escribió que «durante siglos los pintores mojaron su pincel en el alfabeto colorido que era la Biblia». Cuando la fe, especialmente celebrada en la liturgia, se encuentra con el arte, se crea una sintonía profunda, porque ambas pueden y quieren hablar de Dios, haciendo visible al Invisible.
El segundo elemento: la fuerza del estilo románico y el esplendor de las catedrales góticas nos recuerdan que la via pulchritudinis, el camino de la belleza, es una senda privilegiada y fascinante para acercarse al misterio de Dios. ¿Qué es la belleza, que escritores, poetas, músicos, artistas contemplan y traducen en su lenguaje, sino el reflejo del resplandor del Verbo eterno hecho carne? Afirma San Agustín:
Pregunta a la belleza de la tierra, pregunta a la belleza del mar, pregunta a la belleza del aire dilatado y difuso, pregunta a la belleza del cielo, pregunta al ritmo ordenado de los astros; pregunta al sol, que ilumina el día con su fulgor; pregunta a la luna, que mitiga con su resplandor modera la oscuridad de la noche que sigue al día; pregunta a los animales que se mueven en el agua, que habitan la tierra y vuelan en el aire; a las almas ocultas, a los cuerpos manifiestos; a los seres visibles, que necesitan quien los gobierne, y a los invisibles, que los gobiernan. Pregúntales. Todos te responderán: «Contempla nuestra belleza». Su belleza es su confesión. ¿Quién hizo estas cosas bellas, aunque mudables, sino la Belleza inmutable?
Sermo CCXLI, 2: p l38, 1134
Queridos hermanos y hermanas, que el Señor nos ayude a redescubrir el camino de la belleza como uno de los itinerarios, quizá el más atractivo y fascinante, para llegar a encontrar y a amar a Dios.
Fuentes
- AUDIENCIA GENERAL (Miércoles 18 de noviembre de 2009): La Catedral desde la arquitectura románica a la gótica, el trasfondo teológico (Benedicto XVI)
- Catedral de Burgos – Web Oficial
