5
(3)

Hace prácticamente un año, en julio de 2020, se celebró el I Congreso de La Educación del Corazón, organizado por el Instituto Desarrollo y Persona de la Universidad Francisco de Vitoria, que trató sobre «Afectividad y Sexualidad para el Siglo XXI: La educación del corazón». Te confieso, querido lector, que escuché prácticamente todas las conferencias virtuales que dieron los distintos ponentes (siempre hay que aprovechar los regalos y el congreso era gratuito). Sin embargo, una de ellas era en inglés y, ya pasado un tiempo, resultó que mi madre tenía el audio (la original era en vídeo subtitulado), me pidió si lo podía traducir… y este es el origen de esta entrada. La conferencia era «La redención del eros» de Christopher West, de quien ya hemos hablado en este blog en alguna ocasión.

Lo cierto es que originalmente sólo tenía el audio, así que antes que transcribirlo directamente a mano, me dediqué a explorar algunas aplicaciones de Machine Learning que permiten transcribir voz a texto. Probé una de Google y otra de Microsoft, pero no aceptaban un audio de 20min en su entorno de demo, así que al final acabé utilizando la aplicación Speech to Text de IBM Watson. No puedo evitar contarte todo esto por mi bagaje teleco, querido lector, espero que me disculpes. Eso sí, para mi humillación, una vez había transcrito y traducido prácticamente todo el texto, encontré el vídeo original subtitulado en Youtube, que puedes ver aquí abajo. Sin embargo, como ya había hecho casi todo el trabajo, he decidido publicar la transcripción igualmente, por si prefirieras leerlo en vez de escucharlo. Con un poco de suerte será útil para alguien, ya sea en vídeo o en texto 🙂

La redención del eros, Christopher West

Soy Christopher West, presidente del Theology of the Body Institute (TOB). Estoy muy feliz de poder dirigirme a vosotros. Hoy hablaremos de la redención del deseo erótico. En mis viajes, le he hecho a católicos de todo el mundo estas preguntas. Primero pregunto cuántos han crecido en un hogar cristiano. Suelo obtener un 98% de respuestas afirmativas por la audiencia típica a la que suelo hablar, pero entonces les pregunto: ¿Cuántos de vosotros diríais que en vuestra educación cristiana hubo una conversación abierta, honesta, normal y saludable sobre el glorioso, hermoso y maravilloso plan de Dios para el deseo erótico? Y obtengo una respuesta afirmativa de entre el 1-2%.

Hermanos y hermanas, este es un gran problema. Significa que alrededor del 98% de nosotros, en lo que se refiere al dolor y al apetito fundamentales del cuerpo y el alma, al verdadero anhelo que Dios puso dentro de nosotros para dirigirnos hacia Él, a ese gran anhelo que Juan Pablo II dice que nos define como seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios; en lo referente a esta verdad fundamental de nuestra humanidad, al apetito doloroso fundamental, el 98% de nosotros hemos crecido en lo que yo llamo el «Evangelio de la dieta para morirse de hambre«.

El mensaje básico con el que crecí fue efectivamente este modelo. Era algo como esto: «Tus deseos son malos. Especialmente esos deseos. Ellos sólo te van a traer problemas, necesitas reprimirlos todos, sigue estas reglas y serás un buen y recto ciudadano cristiano». Bien, yo quería ser un buen y recto ciudadano cristiano de niño, así que traté de seguir esas reglas, traté de reprimir mis apetitos. Pero entonces algo ocurrió a principios de los 80 que hizo eso muy difícil. Dos cosas debutaron en mi vida a principios de los 80: la pubertad y la MTV. Y ambos me gritaban para que fuera indulgente con mis deseos, así que en mis años de adolescente me convertí rápidamente en un converso a lo que yo llamo el Evangelio de la comida rápida, que es la promesa que da la cultura secular de una inmediata satisfacción de este hambre.

Ahora, no sé tú, pero si las únicas dos opciones para satisfacer mi apetito fueran morirme de hambre o alimentarme de comida rápida, yo voy directo a por los nuggets de pollo. No me mientas, esos nuggets de pollo saben realmente bien. Sí, seguramente saben muy bien, pero si la comida rápida se convirtiera en tu dieta habitual, ¿qué te ocurriría? Desconozco si la película ‘Super Size Me’ llegó a Nueva Zelanda, pero hace algunos años aquí en EEUU apareció un documental llamado ‘Super Size Me’ en el que este hombre desayunó, comió y cenó en el McDonalds durante 30 días seguidos para ver qué le pasaba. Una idea tonta, yo podría decirte de antemano qué te pasaría, pero al final de este experimento, él va al médico, le hacen una batería de pruebas y el médico le dice: «Te estás muriendo, tu cuerpo está colapsando debido a las grasas saturadas y a la sal». Bien, esa es una imagen de mí mismo, espiritualmente hablando, en mis años de universidad. Habiendo comido un montón de comida rápida, me estaba muriendo por dentro. Y tuve una experiencia trágica como estudiante de primer año en la universidad al ser testigo en la residencia de algunos desórdenes sexuales reales, de un dolor y una agonía reales. Estaba sumergido en mi propio dolor y agonía por mi propio desorden sexual, y eso me hizo ponerme de rodillas un día en el dormitorio de la residencia en 1988 y decir: «¡Dios mío! Si tú existes, más vale que me muestres por qué me diste todos estos deseos, porque están llevándome a mí y a todos los que conozco a un infierno y a un montón de problemas. ¿Cuál es tu plan? ¿Tienes un plan para mis deseos sexuales? ¿Qué se supone que tengo que hacer con ellos?

Bueno, Jesús dijo: «Buscad y encontraréis». Y yo busqué, busqué y busqué. Y lo que descubrí a principios de los 90 fueron las enseñanzas de este loco, Juan Pablo II, la llamada «Teología del Cuerpo». Él fue el primero que en mi vida me dijo que el dolor que yo había sentido tan profundamente en mi vida, ¡ese dolor tenía un nombre! Y él dijo, lo primero que dijo, es que ese deseo es bueno. Y, entonces, cuando lo nombró, algo cambió en mi corazón, él lo llamó ‘eros’. E-R-O-S. La palabra griega, ¿verdad? Ahora, en inglés [N. del T.: en español también], ¿qué palabra deriva de la palabra griega ‘eros’? ‘Erótico‘. En mi cabeza, en ese punto de mi vida, con poco más de 20 años, a principios de los años 90, todo lo que era erótico era pornográfico. Las dos palabras eran sinónimas, pero aprendí de Juan Pablo II que estaba confundiendo la palabra griega ‘eros’ con otra palabra griega: ‘porneia’. ‘Porneia’ es una burla infernal de la realidad celestial. Digámoslo de nuevo: ‘porneia’. Sabemos qué palabra derivamos de ella, ¿verdad? Pornografía. Pornografía es una burla infernal de la realidad celestial, lo aprendí de Juan Pablo II.

Sí, estoy hablando con mis propias imágenes y analogías, pero la enseñanza, la verdad de lo que estoy tratando de transmitir, viene de Juan Pablo II. Esta es mi analogía de lo que aprendí de él. Me gusta decir que Dios nos dio el deseo erótico para que fuera como el combustible de un cohete que tiene la potencia para lanzarnos hasta las estrellas. Hasta el infinito y más allá, como en Toy Story. Pero aquí está el problema. Hay un enemigo que no quiere que alcancemos las estrellas y, directamente desde el principio, su objetivo fue invertir el cohete. Eso es lo que ocurrió con el pecado original. Y esta es la razón por la que tantos de nosotros, yo incluido, de hecho, todos nosotros de un modo u otro, todos tenemos nuestra historia aquí y hay particularidades, pero de un modo u otro, salimos al mundo buscando amor, buscando alegría, buscando felicidad. Adivina lo que estamos haciendo cuando hacemos eso: estamos siguiendo al eros. Estamos siguiendo nuestro deseo erótico, pero porque nuestro cohete está invertido, y a menudo nuestros intentos de encontrar esa felicidad, esa alegría y ese amor resultan contraproducentes. Y acabamos hiriéndonos a nosotros mismos e hiriendo a otros.

Estas son las buenas noticias que aprendí de San Juan Pablo II en su Teología del Cuerpo que cambiaron mi vida para siempre. Juan Pablo II me lo dijo, lo sentí como si me estuviera hablando directamente al corazón, y de nuevo estoy traduciendo lo que me dijo con una imagen de mi cosecha: «Christopher, Cristo vino al mundo, no para condenar a aquellos con cohetes invertidos, él vino al mundo para redirigir nuestros cohetes hacia las estrellas». Y aprendí de Juan Pablo II que el Cristianismo no es una dieta alimenticia. Cristianismo es una invitación a una fiesta de boda, nuestro destino eterno es un éxtasis de alegría, de felicidad, de unión con Dios, que la Escritura compara con la pequeña felicidad, el pequeño éxtasis, la pequeña alegría de dos que se convierten en una sola carne en el abrazo conyugal. Efectivamente, de principio a fin, la Biblia narra la historia del matrimonio. Empieza en el Génesis con nuestra creación como hombres y mujeres y la llamada de ambos a convertirse en una sola carne. A través del Antiguo Testamento, Dios habla del amor por su pueblo como el amor de un esposo por su esposa. En el Nuevo Testamento, el amor eterno del esposo es literalmente encarnado cuando la Palabra es hecha carne. Yendo directamente al final de la historia, el libro del Apocalipsis describe el cielo como un banquete de bodas eterno. Fíjate en la Biblia, empieza con el matrimonio de un hombre y una mujer en un paraíso terrenal y termina con el matrimonio de Cristo y la Iglesia en el paraíso eterno. Y el propósito de esa unión es dirigirnos a esta otra unión.

San Pablo nos dice en Efesios 5, citando el libro del Génesis: «Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se convertirán en una sola carne». Y, a continuación, añade: «Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia.» Un «mega misterio», dice en griego. Bien, piensa en ello. Cristo dejó a su Padre del cielo, dejó la casa de su madre en la Tierra, para entregar su cuerpo por su esposa, de tal modo que nosotros, la esposa de Cristo, pudiéramos convertirnos en una sola carne con él. ¿Y dónde nos convertimos en una sola carne con él? En la Eucaristía, cuando el novio le dice a la novia: «Este es mi cuerpo entregado por ti». Esta es la cruz de la unidad o el crucifijo nupcial, como también se le conoce. Aquí, tenemos al nuevo Adán entregando su cuerpo por la nueva Eva. Hermanos y hermanas, esta es nuestra fe. En la fuente y en la cima de todo lo que creemos, está la consumación de un matrimonio místico, la unión de los corazones; Ella se convierte en la madre de todos los vivientes al pie de la Cruz. Nosotros nos convertimos en la semilla del matrimonio místico entre el nuevo Adán y la nueva Eva. El Papa Benedicto XVI, citando a los Padres de la Iglesia, dice: «¿Hay un eros más loco que el eros que llevó a Cristo a consumar su matrimonio en lo que San Agustín llama el lecho matrimonial de la cruz»? Hermanos y hermanas, esta es nuestra fe, Cristo vino al mundo no para que reprimamos el deseo erótico. Cristo viene al mundo para redimir nuestros deseos eróticos. Hermanos y hermanas, ¡esto cambia la vida! Lo supe la primera vez que leí el texto original de la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II en los años 90. Supe al leer esto que estaba sosteniendo entre mis manos la cura para el cáncer del mundo, y supe que pasaría el resto de mi vida estudiando estas enseñanzas y compartiéndolas con el mundo.

Descubrí de Juan Pablo II que tenemos 3 opciones con el eros. Una vez más, esto es de mi cosecha, estoy expresando su enseñanza en palabras que espero que resuenen en ti, estas son las tres opciones que tenemos. O nos volvemos estoicos, adictos o aspirantes a místicos. ¿Qué quiero decir? El estoico, ¿qué hace el estoico con el deseo erótico? «No voy a pensar en eso, no voy a pensar en eso, no voy a pensar en eso». El estoico simplemente lo reprime, ¿verdad? Esta no es nuestra fe. ¿Qué hace el adicto con el deseo erótico? «Sí, voy a pensar en eso». Entonces, se entrega, se entrega, se entrega a todo tipo de placeres finitos. Adicción. ¿Sabes qué es la adicción? Aquí está la definición teológica de adicción: la adicción ocurre cuando apuntamos nuestro deseo de alegría infinita a placeres finitos. Nos volvemos adictos a estos placeres finitos porque los placeres finitos nunca pueden satisfacer nuestro deseo de gozo infinito. Vamos a ese placer finito, sí que nos da un poquito de gusto, ¿no? Nos da un poco de satisfacción, de lo contrario no iríamos allí. Por cierto, ¿quién creó todos los placeres del mundo? ¡Dios lo hizo! ¿Por qué? Precisamente para darnos una muestra del gozo celestial. Todos nos enredamos, nos confundimos y nos volvemos adictos cuando esperamos que esos placeres finitos satisfagan el deseo de gozo infinito. Todo lo que pueden ser es un presagio, pero si tomo mi deseo de alegría infinita y lo apunto allí, me da un poco de satisfacción pero luego estoy deseando más, así que voy a obtener más. ¿Satisface todavía? No, entonces, ¿qué creo que necesito? ¡Más! ¡Voy a conseguir más! ¿Satisface todavía? No, así que lo que creo que necesito, ¡lo conseguiré más! Esa no es una vida de alegría y plenitud, es una vida de adicción y desesperación.

Mis hermanos y hermanas, no hemos sido llamados para morir de hambre ni para la comida rápida. En otras palabras, no estamos llamados a ser estoicos y no estamos llamados a ser adictos. Todos, todos y cada uno de nosotros, estamos llamados por el Evangelio a ser místicos. ¿Qué significa esto? Cuando escuchamos la palabra «mística», probablemente pensemos en el Padre Pío y el estigma o en Santa Teresa de Ávila y sus levitaciones corporales. El catecismo dice: «Esos son signos extraordinarios de la vida mística». Muy pocos los experimentarán, pero esos son signos de lo que todos están llamados a hacer. Estamos llamados a llevar en nuestros cuerpos las heridas de Cristo – espiritualmente hablando, ¿verdad? -. Estamos llamados a ser elevados a los cielos, ¿cierto? Todos estamos llamados a lo que podría decirse que es la vida mística ordinaria. ¿Qué es eso? Es donde aprendemos a abrir nuestro anhelo. ¿Cómo se llama ese anhelo? «Cruz». Estamos llamados a abrir nuestro anhelo erótico por el infinito al infinito, para que podamos llegar a experimentar el cristianismo como realmente es. Como invitación a un banquete de bodas. Hermanos y hermanas, la Eucaristía es pan bajado del cielo. La Eucaristía es la consumación del matrimonio infinito, la unión eterna del amor vivificante, la Eucaristía es el objeto de todo deseo del corazón humano, todo lo que anhelamos se revela y se realiza en el cuerpo de Cristo entregado por nosotros. Y podemos recibir eso en nosotros. Si la Eucaristía es real, no necesitamos reprimir nuestro eros. Si la Eucaristía es real, no necesitamos perseguir inútilmente placeres finitos. Si la Eucaristía es real, eros, nuestros anhelos, nuestro loco anhelo, tiene un destino, tiene un lugar adónde ir. El cumplimiento se ha revelado sacramentalmente en la Eucaristía y se ha revelado eternamente en la fiesta de las bodas del Cordero.

redemption-eros-christopher-west
Estoico, adicto, místico: las tres opciones del Eros

Mi hija Beth, es una adolescente. Y ella realmente está entrando en estas verdades por su cuenta, y también es una artista y les mostraré una obra de arte que hizo, aquí en mi tablet. Estas son las tres opciones que tenemos con Eros. Aquí tenemos al estoico reprimiendo y reprimiendo ese ardor de fuego interior. Aquí tenemos al adicto apuntándolo hacia abajo, hacia los placeres finitos del mundo y aferrándose, aferrándose a esos placeres finitos. Y aquí tenemos al místico, apuntando ese eros hacia las estrellas, hacia la eterna apertura a lo que verdaderamente estamos hechos. Mis hermanos y hermanas, esta es nuestra fe, ¡esto es a lo que estamos llamados, no a esto, no a esto, ¡sino a esto! Mis hermanos y hermanas, Cristo vino al mundo para redimir nuestros deseos eróticos, para redirigir nuestros cohetes hacia las estrellas mientras se lo permitamos. Esto implica una lucha dolorosa, una profunda purificación interior por la que tenemos que pasar de continuo. Nunca podemos decir que estamos sanados del todo, ni tampoco que apuntamos del todo hacia las estrellas. Requiere una constante reorientación interna de nuestros deseos al designio de Dios, de tal forma que nos dirijamos a nuestro destino. Ésta es nuestra fe. Mis hermanos y hermanas, si quieren saber más sobre lo que realmente es nuestra fe a través del gran don de lo que nos ha dado San Juan Pablo II en su Teología del Cuerpo, les animo a que vayan a tobinstitute.org para conocer más sobre la obra del Instituto de Teología del Cuerpo. Tenemos un Congreso de Teología del Cuerpo del 30 de octubre al 1 de noviembre, visite www.tobcongress.com para obtener más información al respecto. Scott Hahn estará allí, George Weigel estará allí, yo mismo estaré allí, muchos otros presentadores desarrollarán las grandes riquezas de la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II a través de este evento online. Se suponía que iba a ser presencial en Cleveland, Ohio; pero debido al Covid, tuvimos que ponerlo en línea como tantas otras conferencias. Les insto a que comprueben eso y asistan, no se arrepentirán de abrir de par en par sus deseos, apuntarlos a las estrellas y lanzarse a la promesa para la cual fueron hechos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


The redemption of eros, Christopher West

This is Christopher West, president of the Theology of the Body Institute. I’m happy to be addressing you today we’ll be talking about the redemption of erotic desire. In my travels, I have asked Catholics around the world this question. Firstly, how many of you raised in a Christian home, I get about a you know 98 percent response because of the typical audience I’m talking to, but then I ask: how many of you would say that in your Christian upbringing there was open, honest, normal, healthy conversation about God’s glorious, beautiful, wonderful plan for erotic desire? And I get about a one to 2 percent response. My brothers and sisters, this is a major problem.

 It means about 98 percent of us when it comes to the fundamental ache and hunger of body and soul, the very yearning God put within us to lead us to him; the very yearning that as John Paul II says defines us as human beings made in the image and likeness of God; this fundamental truth of our humanity, the fundamental aching hunger. 98 percent of us have been raised on what I call the starvation diet gospel. The basic message I grew up with which was indeed the starvation diet model. With something like this: «Your desires are bad. Specially those desires. They’re only going to get you in trouble, you need to repress all that but follow all these rules and you’ll be a good upstanding Christian citizen». Well, I wanted to be a good upstanding Christian citizen as a kid and so I tried to follow those rules, I tried to repress my hungers. But then something happened in the early eighties that made that very difficult. Two things debuted in my life in the early eighties: puberty and MTV. And both of them were screaming at me to indulge my desires, so in my teenage years I became a quick convert to what I call the fast food gospel which is the secular culture promise of immediate gratification for the hunger.

 Now I don’t know about you but if the only two choices for my hunger are starve or eat the fast food, I’m going for the chicken nuggets. Don’t lie to me, those chicken nuggets taste really good going down. Well, sure enough they taste good going down, but if fast food becomes your steady diet, what’s going to happen to you? I don’t know if the movie ‘Super Size Me’ made its way to New Zealand, but some years ago here in America there was a documentary called ‘Super Size Me’ in which this guy ate McDonald’s breakfast, lunch and dinner for 30 days straight to see what would happen to him. Dumb idea, I could pretty much tell you what would happen to you, but at the end of this little experiment, he goes to the doctor and gets a battery of tests run on him and the doctor says: «You’re dying, your body is shutting down from all the grease in the sodium». Well, that’s a picture of me, spiritually speaking, in my college years. Having eaten a lot of fast food, I was dying inside. And I had a tragic experience as a freshman in college of witnessing in the dorm life some real, real sexual brokenness, real pain and agony, and I was immersed in my own pain and agony for my own sexual brokenness and that put me on my knees in a college dorm in 1988 saying: «God in heaven! If you exist you better show me why you gave me all these desires because they’re getting me and everybody I know into a hell of a lot of trouble. What is your plan? Do you have a plan for my erotic yearning? What am I supposed to do with it?

Well, Jesus said: «Seek and you will find». I sought and I sought and I sought. And what I discovered in the early 90’s was the teaching of this crazy man, Pope John Paul II, called «The Theology of the Body». And he was the first ever did tell me that that ache I had felt so deeply in my life, that ache had a name! And he said, number one he said, that desire is good and then when he named it something shifted in my heart, he called it ‘eros’. E.R.O.S. The Greek word, right? Now we know in English what word we derive from the Greek word eros: we have the English word ‘erotic’. In my mind, at this point in my life, I’m in my early twenties, this is the early 90’s. At that point in my life, everything that was erotic was pornographic. I mean, the two were synonymous, but I learned from John Paul II that I was confusing the Greek word ‘eros’ with another Greek word ‘porneia’. Right? ‘Porneia’ is a hellish mockery of the heavenly reality. We say that again: ‘porneia’. We know what English word we get from that, right? Pornography. Pornography is a hellish mockery, I learned from John Paul II, of a heavenly reality.

And here’s, I’m speaking with my own images and analogies here, but the teaching that the truth of what I’m trying to convey comes from John Paul II. Here’s my analogy for what I learned from John Paul II. I like to say God gave us erotic desire to be like the fuel of a rocket that has the power to launch us to the stars. To infinity and beyond, right, the Toy Story there. But here’s the problem. See, there’s an enemy who doesn’t want us to reach the stars, and right from the beginning his goal was to invert those rocket engines, right? That’s what happened with original sin. Erotic desire what God created to launches to the stars, became inverted with original sin. And this is why so many of us, myself included, in fact, all of us in one way or another, we have our own story here, there are particulars, but in one way or another, we go out into the world looking for love, looking for joy, looking for happiness, guess what we’re doing when we do that: we’re following eros. We’re following our erotic desire, but because our rocket engines are inverted, so often our attempts to find that happiness and joy and love, those attempts backfire on us. And we end up wounding ourselves and wounding others. 

Here’s the good news that I learned from Saint John Paul II in his Theology of the Body that changed my life forever. John Paul II said to me, I felt like he was talking right to my heart, and again I’m translating with my own image here but it’s like John Paul said to me: «Christopher, Christ came into the world, not to condemn those with inverted rocket engines, he came into the world to redirect our rocket engines to the stars». And I learned from John Paul II Christianity is not a starvation diet. Christianity is an invitation to a wedding feast, our eternal destiny is an ecstasy of joy, of bliss, of union with God that scripture compares to the little bliss, to the little ecstasy, to the little joy of the two becoming one flesh in the marital embrace. Indeed, from beginning to end, the Bible tells a story about marriage. It begins in Genesis with our creation as male and female in the call of the two to become one flesh. Throughout the Old Testament God speaks of his love for his people as the love of a husband for his bride. In the New Testament, the love of the eternal bridegroom is literally embodied when the word is made flesh. Skip to the end of the story, the book of Revelation describes heaven as an eternal wedding feast. Look at the two books into the Bible, it begins with the marriage of man and woman in an earthly paradise and it ends with the marriage of Christ and the Church in an eternal paradise. And the purpose of this union is to point us to this union.

St. Paul tells us in Ephesians 5, here you quotes from the book of Genesis: «For this reason a man will leave his father and his mother and be joined to his wife and the two will become one flesh», and then he adds: «This is a great mystery, «a mega mystery» in Greek he says, «a mega mystery». «And it refers to Christ and the church» Well, think about it. Christ left his father in heaven, he left the home of his mother on earth to give up his body for his bride, so that we the bride of Christ might become one flesh with him. Where do we become one flesh with him? In the Eucharist, when the bridegroom says to the bride: «This is my body given up for you». This is the unity cross or the nuptial crucifix as it’s known. In here, we have the new Adam giving up his body for the new Eve. My brothers and sisters, this is our faith. At the source and summit of every thing we believe, is the consummation of a mystical marriage, the union of their hearts, she becomes the mother of all the living at the foot of the cross. We become the offspring of the mystical marriage of the new Adam and the new Eve. Pope Benedict XVI, quoting from the Fathers of the Church, says: «Is there any more mad eros than the mad eros that led Christ to consummate his marriage on what St. Augustine calls the marriage bed of the cross«? My brothers and sisters, this is our faith, Christ comes into the world not to have us repressed erotic desire. Christ comes into the world to redeem our erotic desires. My brothers and sisters, this is a life changing! I knew when I was first learning this in the original text of John Paul II’s Theology of the Body back in the 90’s. I knew reading this that I was holding in my hands the cure for the world’s cancer, and I knew I would spend the rest of my life studying this teaching and sharing it with the world.

I came to discover from John Paul II that we have 3 choices with eros. Again, this is my own kind of, this is my own wording, I’m putting his teaching into words that I hope will resonate with you, but here are the 3 choices we have. We’re either going to become a stoic, an addict or an aspiring mystic. What I mean? The stoic, what is the stoic do with erotic desire? «I’m not gonna think about that, I’m not gonna think about that, I’m not gonna think about that». The stoic just represses it, right? This is not our faith. What does the addict do with erotic desire? «Well, I am going to think about that» Then, he indulges, he indulges, he indulges all kinds of finite pleasures. Addiction. You know what addiction is? Here’s the theological definition of addiction. Addiction happens when we aim our desire for infinite joy at finite pleasures. We become addicted to these finite pleasures because finite pleasures can never satisfy our desire for infinite joy. We go to that finite pleasure, it does give us a little taste, right? Give us a little taste of fulfillment, otherwise we wouldn’t go there. Who created all the pleasures of the world, by the way? God did! Why? Precisely to give us a taste of heavenly joy. We get all twisted up, we get all confused, and we get addicted when we expect those finite pleasures to fulfill the desire for infinite joy. All they can be is a foreshadowing, but if I take my desire for infinite joy and I aim it there, gives me a little satisfaction but then I am desiring more so I going to get more. Does it satisfy yet? No, so what do I think I need? More! I’m going to get more! Does it satisfy yet? No, so what I think I need, I’m going to get more! That is not a life of joy and fulfillment, that is a life of addiction and despair.

My brothers and sisters, were not called to the starvation approach. We’re not called to the fast food approach. In other words, we’re not called to be a stoic and we’re not called to be an addict, we are all, each and every one of us, called by the Gospel to be an aspiring mystic. What does this mean? When we hear the word «mystic», we probably think Padre Pio and the stigma or St Teresa of Avila and her bodily levitations. The catechism says: «Those are the extraordinary signs of the mystical life.» Very few will experience those, but those are signs of what everyone is called to. We are called to bear in our bodies the wounds of Christ – spiritually speaking, right? -. We are called to be elevated up into the heavens, right? All of us are called to what you might say is the ordinary mystical life. What is that? It’s where we learn to open our yearning. What’s that yearning called? «Cross». We’re called to open our erotic longing for the infinite to the infinite, so that we can come to experience Christianity as it really is. As an invitation to a wedding feast. My brothers and sisters, the Eucharist is bread come down from heaven. The Eucharist is the consummation of the infinite marriage, the eternal union of life giving love, the Eucharist is the object of every desire of the human heart, everything we yearn for is revealed and fulfilled in the body of Christ given up for us. And we get to take that in. If the Eucharist is real, we don’t need to repress our eros. If the Eucharist is real, we don’t need to futilely pursue finite pleasures. If the Eucharist is real, Eros, our yearnings, our mad longing, has a destiny, has a place to go. Has the fulfillment revealed sacramentally in the Eucharist and revealed eternally in the marriage feast of the Lamb.

My daughter Beth, she’s a teenager. And she is really entering into these truths in her own, and she’s also an artist and I will show you a work of art that she did, here on my computer. These are the three choices that we have with Eros. Here we have the stoic holding back and repressing that burning in fire within. Here we have the addict aiming it downwards towards the finite pleasures of the world and grasping, grasping at those finite pleasures. And here we have the aspiring mystic, aiming that eros up towards the stars, towards the eternal opening wide to what we are truly made for. My brothers and sisters, this is our faith, this is what we’re called to, not this, not this, this! My brothers and sisters, Christ came into the world to redeem our erotic desires to redirect our rocket engines to the stars. As we allow him to do that, and it does involve a painful passover, a deep inner purification that we have to pass through again and again and again. We can never say I’m perfectly healed, we can never say I’m perfectly into the stars. It calls for an ongoing inner redirection of our desire according to God’s design, so we’re aimed at our destiny. This is our faith. My brothers and sisters, if you want to learn more about what our faith really is through the great gift of what Saint John Paul II has given us in its Theology of the Body, encourage you to go to theologythebody.com to learn more about the work of the Theology of the Body Institute. We have a Theology of the Body Congress coming up from October 30 to November 1, please go to tobcongress.com to learn more about that, Scott Hahn will be there, George Weigel will be there, I will be there, many other presenters unfolding the great riches of John Paul II’s Theology of the Body through this online event. It was supposed to be live in Cleveland, Ohio; because of Covid we had to bring it online like so many conferences. I urge you to check that out and please attend, you will not regret opening wide your desires, aiming them at the stars, and launching for the fulfillment for which were all made. In the name of the Father, the Son and the Holy Spirit. Amen.

¡Puntúa este artículo!