Fue en Las Rozas, centro neurálgico del madrileñismo chic. En la mesa de al lado una familia con un hijo de unos diez años merendaban callados un par de batidos y un zumo healthy de pepino y zanahoria. El niño jugaba con su Nintendo Switch, la madre se entretenía en Instagram con gesto ausente y el padre miraba solamente al infinito. Transcurrían los minutos, los batidos ya se habían acabado y ninguno mediaba la menor palabra. Cualquier observador imparcial podría haber apostado a que ella y él dormían en camas separadas.
Colchones al por mayor
Abro Twitter y descubro a Marc Cucurella en un yate con su familia. Leo que tiene tres hijos con 25 años, estadística descomunal para un lateral izquierdo. En esa casa hay niños dando saltos en los colchones y peleas de almohadas. Habrá, si no las hay ya, mascotas que acabarán volviendo a China y tiendas de campaña en el salón. A Cucu la vida le ha sonreído y él le ha devuelto un baile agradecido que ahora disfruta toda España.
Camas que se dejan
Illojuan y Masi ya no están juntos. Leo los comentarios de su vídeo en el que explican sus sinrazones. Al parecer ha sido bastante inesperado porque su relación era ejemplar en todos los sentidos. La gente ya no cree en el amor después de esto. Las ventas de camas 2 plazas se han desplomado, han cancelado San Valentín en El Corte Inglés y ya no veremos más Love Actually en Nochebuena.
Unos a la izquierda dicen que la razón es que ella quiere tener hijos y él jugar a videojuegos aunque haya pañales que cambiar. No veo mucho problema siempre que usen la app del Ministerio de Igualdad. Otros a la derecha dicen que él no se quiere mudar a Madrid donde ella trabaja (agujero negro de la España que madruga) y dejar a sus amigos y a su familia allí en Málaga (donde el mar es solo el límite del sueño). Pregunta para Nacho Raggio: no hay nada como vivir arraigado cerca de los tuyos pero si hay amor de por medio, ¿esto no sería Mediterráneo a-moral? Un síntoma de mi generación: por ellas ya no lo dejamos todo. Otro síntoma: ellas tampoco quieren recibirlo. Un último síntoma: te ha sonado raro que hiciera diferencias entre sexos.
Hay muchas camas por ahí
Por su parte, el centro centrado dice que son un ejemplo de cómo hay que dejar una relación. No se dan cuenta de que nos vendría mejor el ejemplo de cómo renovarla. Creo que dicen eso porque nunca se preocupan de las causas, a las que levantan tronos continuamente. La exposición continua en redes sociales (circuito de dopamina averiado); el empoderamiento entendido como la exaltación de la propia voluntad; la parálisis por disponer de multitud de opciones y sentir continuamente que te estás perdiendo algo al elegir; la entrega por el otro entendida como una cárcel; la búsqueda de la emoción y la continua novedad. Sin cimientos es imposible construir una casa de piedra que aguante el ataque del lobo (un saludo a Diego Blanco). Esta es la realidad de nuestro ego: queremos dejar una opinión, hacernos ver, obtener reconocimiento, demostrarnos a nosotros mismos que estamos viviendo. Que nos quieran, en definitiva.
Camas que se abrazan
La familia termina por fin la merienda y paga la cuenta. El padre lleva una camiseta de Bellingham. Pienso que podría ser yo y que podría ser mi tarde cualquier año de estos. ¿Quién me libra de ello? Pero pienso en Illojuan y Masi y agradezco millones haber dado un salto de fe. Y también (por qué no) pienso que soy como Cucurella y me como una paella mientras pago la cuenta y persigo a Clarita por todo el centro comercial.
