Llevaba queriendo leer las Cartas del diablo a su sobrino de C.S.Lewis mucho tiempo. Tenía buenas referencias de este libro -aunque no recuerdo de dónde- y el autor ya me había conseguido atrapar con Las Crónicas de Narnia.

De modo que en cuanto lo vi en la estantería de un amigo que curiosamente no estaba en casa, aproveché la oportunidad. Quizás sea uno de esos ladrones de libros… Ahí lo dejo, ¿sigues leyendo?

Lo primero que voy a hacer es quejarme. Dirás que menuda novedad, pero así es: ¿cómo es posible que The Screwtape Letters, que es el título en inglés, se traduzca como Cartas del diablo a su sobrino? Según he leído por ahí, la idea de Lewis era poner a los dos demonios nombres que no significaran nada, de modo que se tradujo Screwtape como Escrutopo. ¿Por qué no se llamó al libro Cartas de Escrutopo? En fin, con la excusa de hacer los títulos de los libros más atrayentes las editoriales se cargan la intención de los autores y nos toman a los lectores por tontos. No creo que Lewis pusiera el título que puso por casualidad. Uff, qué a gusto me he quedado.

Por otro lado, dice C.S.Lewis en el prólogo que la pregunta más corriente que le hacía la gente tras leer el libro es si realmente creía en el Diablo. Su respuesta es extensa y no tiene desperdicio, así que lo dejaré para otra entrada. Pero como muestra un botón:

La pregunta adecuada sería si creo en los diablos. Sí, creo. Es decir, creo en los ángeles, y creo que algunos de ellos, abusando de su libre albedrío, se han enemistado con Dios y, en consecuencia, con nosotros. A estos ángeles podemos llamarles «diablos». No son de naturaleza diferente que los ángeles buenos, pero su naturaleza es depravada. Diablo es lo contrario que ángel tan sólo como un Hombre Malo es lo contrario que un Hombre Bueno. Satán, el cabecilla o dictador de los diablos, es lo contrario no de Dios, sino del arcángel Miguel.

Vamos ya con el libro. Cartas del diablo a su sobrino fue escrito en 1942 y está dedicado a Tolkien -quien era un buen amigo de Lewis-. Es una obra breve que se lee de un tirón y que consta de 31 misivas que reflejan la correspondencia entre Escrutopo, un demonio experimentado, y su sobrino Orugario, un demonio principiante cuyo objetivo es la condena eterna de su «paciente», un joven inglés durante la Primera Guerra Mundial.

Las misivas de Escrutopo -nunca sabemos qué responde exactamente su sobrino- están llenas de consejos que tienden al congelamiento de la fe. En ellas Lewis toma el punto de vista de los demonios para hablar de muchos temas importantes, como el amor, la vida superficial, el tiempo, la sexualidad, los vicios o la propiedad. Este planteamiento resulta sin duda original y funciona estupendamente. De hecho puede enseñarte muchas cosas, siempre que entiendas los consejos de Escrutopo a la inversa, claro.

Pero para que entiendas mejor de lo que hablo y te hagas una idea más concreta de cómo es el libro, te voy a poner un pequeño fragmento. Así podrás decidir por ti mismo si te merece la pena leerlo. Yo por mi parte te lo recomiendo sin duda alguna:

» Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo? Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de liberarle de las garras del Enemigo. Si hubiese vivido hace unos (pocos) siglos, es posible que sí: en aquella época, los hombres todavía sabían bastante bien cuándo estaba probada una cosa y cuándo no lo estaba; y una vez demostrada, la creían de verdad; todavía unían el pensamiento a la acción, y estaban dispuestos a cambiar su modo de vida como consecuencia de una cadena de razonamientos. Pero ahora, con las revistas semanales y otras armas semejantes, hemos cambiado mucho todo eso. Tu hombre se ha acostumbrado, desde que era un muchacho, a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías incompatibles. Ahora no piensa, ante todo, si las doctrinas son ciertas o falsas, sino académicas o prácticas, superadas o actuales, convencionales o implacables. La jerga, no la argumentación, es tu mejor aliado en la labor de mantenerle apartado de la Iglesia. ¡No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es la verdad! Hazle pensar que es poderoso, o sobrio, o valiente; que es la filosofía del futuro. Eso es lo que le importa. «

No me extiendo más. ¡Libro 100% recomendado!

 

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