Una impresora sirve para fijar en papel lo que no te quieres perder; la visita del papa León XIV a España en junio de 2026 ha hecho algo parecido con la memoria: ha dejado páginas que uno querría conservar siempre, subrayadas, dobladas en la esquina.
Madrid: casa abierta, ciudad desbordada
La historia empezó en casa: dos chicos de Murcia llegaron con sus mochilas para ver al Papa y se encontraron con la viva realidad de una familia con niños pequeños, una comida improvisada y varios viajes en coche rodeando la ciudad.
La ciudad se había convertido en un gran dispositivo logístico: redes de Cercanías y Metro reforzados, dispositivos policiales y de seguridad por todas partes; parroquias, colegios y hogares acogiendo peregrinos de todas partes.
Vigilia y silencio
El sábado por la noche, la Plaza de Lima acogió la vigilia con jóvenes. Allí, el papa León XIV se salió del guion para felicitar a un amigo recién casado. Poco después, el Papa insistió en algo poco espectacular pero muy hondo: discernir la voz de Dios exige silencio, sacramentos, diálogo real con Él, alejarse del ruido. Más tarde, con los chicos acogidos ya en casa, el salón acabó convertido en lugar de tertulia improvisada sobre fe, familia y perdón. Por esa experiencia de los chicos ya recibimos más de lo que dimos al abrir nuestra casa.
La grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad.
Papa León XIV, discurso en el Congreso de los Diputados
Odisea hacia la misa de Cibeles
El domingo, asistir a la misa en Cibeles se convirtió en una pequeña odisea doméstica: mochilas, gorras, agua, los transbordos del Cercanías y el Metro, niñas cansadas, dos carritos, calles cortadas, calor, mucho calor. «¿Ese es el papa León, papiiii?» como pregunta mil veces repetida ante los carteles de bienvenida al Pontífice.
Llegar a Colón después de ser redirigido por la marea humana que había bloqueado el acceso a nuestra zona fue un descanso: la presencia de tantísima gente con un mismo sentir, el silencio que cae de golpe cuando comienza la consagración, la procesión histórica del Corpus.
El discurso que merece mil veces salir por la impresora
El lunes por la mañana llegó el momento político: León XIV se convirtió en el primer papa en hablar ante el Congreso de los Diputados, en una sesión conjunta de las Cortes que se anunció como histórica y lo fue.
El discurso merece literalmente estar impreso. Las menciones a la Escuela de Salamanca como ejemplo de una tradición capaz de pensar la legitimidad de las leyes desde la razón y la fe recordaban que el derecho no se reduce a la mera voluntad de mayoría. Entre muchas frases, algunas se quedaron en la memoria:
- “La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación.”
- “Ser libre no significa únicamente estar libre de coacciones o disponer de muchas posibilidades de elección; significa poder reconocer el bien y adherirse a él responsablemente.”
- “Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse.”
Un discurso que era un recordatorio paraa todos: la política tiene que rendir cuentas ante la dignidad humana y la defensa de la vida, la libertad de educación y el respeto a la conciencia de cada persona.
Barcelona: la Torre de Jesucristo toca el cielo
El martes el Papa fue a Barcelona, esta vez lo seguimos en televisión, con mención especial a la misa en la Sagrada Familia con la bendición de la Torre de Jesucristo. La aguja central del templo, coronada por una gran cruz, llevó la basílica a sus 172,5 metros definitivos y convirtió la inauguración en uno de los momentos más impresionantes del viaje: luz, canto, ciudad mirando hacia arriba. Un orgullo. León XIV recordó allí que “no se puede construir hacia el cielo si se olvida el sufrimiento que pisa la tierra”, uniendo la belleza de Gaudí con la llamada a una Iglesia que no se encierre en la estética.
Al final, uno querría que una impresora pudiera fijar todo esto en unas pocas páginas: dos chicos murcianos en un salón madrileño, niñas pequeñas haciendo del Cercanías su aventura, una procesión del Corpus en el centro de Madrid, un Congreso que escucha hablar de dignidad de la vida humana desde su concepción hasta su fin natural y aplaude, una torre que toca el cielo de Barcelona y un Papa que confirma en la fe y repite, en distintos escenarios, que la grandeza de una nación se mide en cómo trata a los más frágiles.
