La primera parte de Jesús de Nazaret no es un manual de lavadora para entender a Jesús “en tres pasos”, sino un recorrido exigente y luminoso por su vida pública, desde el bautismo en el Jordán hasta la Transfiguración. Joseph Ratzinger —ya Benedicto XVI— presenta este volumen como búsqueda personal del “rostro del Señor”, no como documento magisterial, y eso se nota en el tono: es teología, exégesis y oración entrelazadas.
Del Jordán al desierto: identidad y misión
La Parte I se abre con una introducción sobre el misterio de Jesús y enseguida entra en el bautismo, punto de partida elegido por Ratzinger para abordar su identidad. El bautismo no es solo un ritual de inicio, sino el momento en que se desvela la relación única entre el Hijo y el Padre, y se anticipa ya la Pasión.
Luego vienen las tentaciones en el desierto, leídas no como anécdota moralista, sino como combate sobre el sentido mismo de la misión de Jesús: pan sin Dios, poder sin cruz, espectáculo sin fe. Ratzinger ve ahí un espejo incómodo de nuestros intentos modernos de reducir a Dios a lo útil, lo político o lo espectacular.
El sermón de la montaña: el corazón del mensaje
A partir de ahí, el libro se detiene en el reino de Dios, el Sermón de la Montaña y el Padrenuestro. El reino no es un proyecto político ni un simple estado interior: es, para Ratzinger, el “ser-Señor-de-Dios”, Dios haciéndose presente en la persona misma de Jesús, en la Iglesia y en el corazón creyente.
El largo capítulo sobre el Sermón de la Montaña es uno de los núcleos del volumen: ahí entra en diálogo con el rabino Jacob Neusner y su A Rabbi Talks with Jesus, que toma en serio el escándalo de que Jesús hable con autoridad divina sobre la Torá. Jesús no aparece como moralista ilustrado, sino como aquel que puede situar la Ley en el centro de su propia persona, porque él y la comunidad de sus discípulos se convierten en el nuevo templo.
El Padrenuestro prolonga esta lógica: no es solo “la oración de Jesús”, sino la forma concreta en que el Hijo nos introduce en su relación con el Padre, enseñándonos a descentrar la vida de nuestras agendas para centrarla en el nombre, la voluntad y el reino de Dios.
Los Doce y las parábolas: comunidad y conversión
Otro bloque clave de esta Parte I es el capítulo sobre los discípulos y el mensaje de las parábolas. Cuando el Evangelio dice que Jesús “hizo a doce para que estuvieran con él y para enviarlos”, Ratzinger subraya el eco del lenguaje sacerdotal del Antiguo Testamento en la expresión «hizo a doce». Así, el apostolado aparece ya como ministerio sacramental, no solo como grupo de amigos o colaboradores.
En las parábolas —buen samaritano, hijo pródigo, entre otras— el Papa critica la lectura liberal que convierte a Jesús en un profesor de ética individualista. El buen samaritano revela a un hombre que se hace prójimo por encima de toda frontera religiosa e histórica; no en vano Ratzinger comenta que los samaritanos pocos años antes (entre el 6 y el 9 d.C) habían contaminado la plaza del templo de Jerusalén al esparcir huesos humanos en los días de Pascua. Escuchar en ese contexto una parábola como esa tuvo mucho más impacto del que podemos imaginar tras una simple lectura del texto.
Por otro lado, el hijo pródigo muestra que no solo el que se fue lejos necesita conversión, sino también el hermano mayor, los “siempre fieles”, llamados a descubrir al Dios del amor detrás de la Ley:
En la amargura frente a la bondad de Dios se aprecia una amargura interior por la obediencia prestada que muestra los límites de esa sumisión: en su interior, también les habría gustado escapar hacia la gran libertad. Se aprecia una envidia solapada de lo que el otro se ha podido permitir. […] También ellos necesitan todavía un camino; pueden encontrarlo sencillamente si le dan la razón a Dios, si aceptan la fiesta de Dios como si fuera también la suya.
Jesús de Nazaret. Desde el bautismo en el Jordán hasta la Transfiguración (Joseph Ratzinger)
Imágenes joánicas y confesión de Pedro
Casi al final, la Parte I se abre al Evangelio de Juan: las grandes imágenes —pan, luz, pastor, vid— son releídas como claves para comprender quién es Jesús desde dentro. No se trata de un Jesús inventado por una comunidad genial, sino de una memoria contemplativa que intenta hacer justicia a una realidad desbordante.
El volumen culmina en dos hitos: la confesión de Pedro y la Transfiguración. Ahí se concentran las preguntas que recorren todo el libro: ¿quién es realmente Jesús?, ¿qué significa que el Hijo del Hombre y el “Yo soy” sean títulos que apuntan al mismo misterio? Ratzinger no ofrece fórmulas mágicas, pero sí un hilo continuo: la Iglesia no creó a Jesús; fue creada por el impacto de su presencia.
La interpretación de la exégesis liberal que hace de Jesús un moralista, el maestro de una moral ilustrada e individualista (…) resulta insuficiente desde el punto de vista teológico y no se acerca en absoluto la figura real de Jesús.
Jesús de Nazaret. Desde el bautismo en el Jordán hasta la Transfiguración (Joseph Ratzinger)
Una primera parte que pide tiempo
Como primera entrega, Jesús de Nazaret. Desde el bautismo en el Jordán hasta la Transfiguración es un libro que exige más tiempo que una colada rápida, pero a cambio limpia muchas caricaturas: el Jesús dulzón, el revolucionario plano superstar, el mito deshistorizado. Quien se deje acompañar por Ratzinger en esta Parte I no sale con un esquema, sino con un rostro más nítido y, quizá, con la intuición de que conocer a Jesús no consiste en tener todas las respuestas, sino en dejarse introducir poco a poco en su propia relación con el Padre.
Para llegar a un conflicto tan radical, para que se recurriera a aquel gesto extremo — la entrega a los romanos — tuvo que haber ocurrido o haberse dicho algo dramático. […] A la comunidad anónima se le atribuye una sorprendente genialidad teológica: ¿quiénes fueron las grandes figuras que concibieron esto? Pero no es así: lo grande, lo novedoso, lo impresionante, procede precisamente de Jesús; en la fe y la vida de la comunidad se desarrolla, pero no se crea. Más aún, la «comunidad» no se habría siquiera formado ni habría sobrevivido si no lo hubiera precedido una realidad extraordinaria.
Jesús de Nazaret. Desde el bautismo en el Jordán hasta la Transfiguración (Joseph Ratzinger)
