Había una vez una joven pareja locamente enamorada, llena de pasión y deseo, que en una preciosa y estrellada noche de verano, decidieron coger el coche y conducir hasta el campo para encontrar un lugar tranquilo donde poder expresar su mutua pasión bajo las estrellas. Condujeron hasta el campo, encontraron ese lugar tranquilo que tanto deseaban, extendieron la manta, se pusieron bajo las estrellas y empezaron a… (fundido en negro).

Lo que ellos no sabían es que estaban en la propiedad de una iglesia menonita, y el pastor, escuchando algún que otro movimiento, miró por la ventana, vio lo que estaba pasando y decidió dar un breve «paseo de oración». Se aproximó silenciosamente a la pareja, que estaba tan enfrascada en lo que hacían que no tenían ni idea de que alguien se les acercaba. El pastor, ya casi encima de ellos, le dio un toquecito en la espalda al muchacho y los dos se giraron alarmados. Viendo la cara del pastor, la pareja pensó que les iba a regañar severamente, pero en lugar de eso, el pastor dijo simplemente: «Decidme, ¿qué relación tiene lo que estáis haciendo aquí con las estrellas?«. El pastor se volvió entonces tranquilamente a casa, dejando que la pareja reflexionara sobre la pregunta.

¿Qué relación tiene lo que estáis haciendo aquí con las estrellas? Merece la pena que me detenga un segundo (o los que hagan falta) a pensar si mi forma de vivir la sexualidad tiene algo que ver con la inmensidad del universo, con la belleza de la naturaleza, con la alegría de la vida, con el sentido de por-qué-estoy-yo-aquí-hoy-y-ahora-en-este-tiempo-y-lugar-concretos. ¿Hay acaso un sentido más profundo en mi cuerpo? ¿Algo más pleno que la búsqueda del placer por el placer, por un extremo, o el rechazo de todo lo que pueda relacionarse con mi cuerpo por pecaminoso (puritanismo), por el otro? ¿Una relación de mi ser con las estrellas?

Es ahí donde aparece un concepto llamativo cuanto menos que se conoce como «Teología del Cuerpo», algo que desarrolló un cura polaco bastante famoso. Si durante mi adolescencia alguien me hubiera mezclado en la misma frase el concepto fascinante de «cuerpo» y el concepto soporífero de «teología», seguramente habría esbozado una sonrisita condescendiente y me habría puesto a pensar en cualquier otra cosa hasta que hubiera terminado el sermón y alguien hubiera cambiado de tema.

Digo seguramente y no lo digo con certeza absoluta, ya que si quien me hubiera hablado de la Teología del Cuerpo lo hubiera hecho como Christopher West en el vídeo que tienes abajo, quizás, aunque hubiera sido sólo durante cinco minutos, le habría escuchado con atención. Y digo sin temor a equivocarme que esos cinco minutos podrían haber cambiado radicalmente mi adolescencia y primera juventud. En este vídeo, Christopher West habla bastante más de 5 minutos. Si me lo permites, querido lector, te recomiendo que encuentres ese espacio y ese tiempo a solas y, si te atreves, escuches el vídeo completo.

Quizás sea un primer paso para descubrir si lo que estamos haciendo aquí tiene algo que ver con las estrellas.

¿Quieres saber más? Estos links pueden servirte para profundizar:

Libros de Christopher West sobre Teología del Cuerpo (en español):