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Fue una de las noticias de la semana pasada: el Consejo de Ministros aprobaba el anteproyecto de la Ley Trans auspiciado por la ministra de Igualdad, Irene Montero, reconociendo la «autodeterminación de género» de facto y posibilitando que una persona pueda modificar su sexo ante la administración sin la intervención de terceras personas (esto es, sin aportar ningún informe médico ni la declaración de un testigo para acreditar su condición). El cambio de sexo es a todos los efectos (incluyendo el ámbito deportivo) y el proceso tendrá una duración máxima de 4 meses (3 meses entre la solicitud en el Registro Civil y su ratificación, un mes más hasta que se oficializa). La ley no exige hormonación ni antes ni después de haber consumado el cambio de sexo.

En cuanto a la edad, a partir de los 16 años no será necesario el permiso de los padres o tutores; de 14 a 16 años sí será necesario que el menor sea acompañado de los mismos (con un defensor judicial nombrado en caso de disputa); de 12 a 14 años se realizará sólo con autorización judicial y, para los menores de 12 años, no podrán cambiar de sexo pero sí de nombre, sin prueba testifical.

Así las cosas en España, en el resto de Europa hay únicamente otros seis países que exigen únicamente la voluntad, sin necesidad de tratamiento médico: Dinamarca (para mayores de 18), Malta, Luxemburgo, Bélgica, Irlanda y Portugal (menores de con 16 y 17 años sólo pueden hacerlo con una declaración médica). La mayor parte del resto de países europeos cuentan con legislación que permite cambiar el sexo en el registro, pero exigen haberse tratado con hormonas, operado o presentar un informe médico, entre otras cosas.

En este contexto sociopolítico, en 2019 apareció un documental en la televisión pública sueca, «The Trans Train», que aborda el aumento significativo de chicas adolescentes con disforia de género que se ha producido en los últimos años en varios países europeos como la propia Suecia o el Reino Unido. El documental cuestiona también los procedimientos del Sistema Nacional de Salud sueco a la hora de iniciar un tratamiento hormonal irreversible para las personas trans, especialmente en adolescentes, e incluye varios testimonios de personas trans que están detransicionando, es decir, tratando de volver a su sexo original (un tema tabú dentro del colectivo LGTBI).

Ser un conejillo de indias quiere decir que el sistema de salud no tiene ni idea. No hay ciencia que lo respalde. Están experimentando con jóvenes con toda una vida por delante. Me pone furiosa. Creo que es increíblemente irresponsable.

Voz en off de una persona trans que desearía que los médicos no hubieran sido tan entusiastas a la hora de ayudarla (The Trans Train)

No quiero decirte mucho más, querido lector, merece la pena que lo veas y juzgues por ti mismo. Probablemente te surjan montones de preguntas y algún que otro sentimiento de indignación. Quizás hasta cambies de opinión después de verlo. En cualquier caso, siempre es bueno tener una perspectiva más amplia de la que nos ofrecen las ideologías contemporáneas, por mucho arco iris que lleven como seña de identidad. Sólo mediante el pensamiento crítico podremos preservar lo bueno de la sociedad y progresar donde verdaderamente merezca la pena. Como siempre, nos vemos en los comentarios 😉

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