4.9
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Las calizas del Torcal de Antequera
y la arena de las islas Cíes,
los bosques del norte de Lugo
y dos o tres tapas de pulpo de Melide,
coronar Siete Picos y navegar sobre las aguas de Sancti Petri,
asomarse al vendaval de Finisterre,
ser sorprendido por la marea en la playa de las Catedrales.
Como todo eso.

Las marchas de cornetas y tambores en la Semana Santa de Sevilla
apretado contra la pared por el paso y por la bulla,
mirar al cielo en una balsa en cabo Trafalgar,
desde el puerto de Santander un paseo en ferry,
un castillo de arena en la playa de Bolonia,
la cal blanqueada de los molinos criptanenses,
tumbarse en una piedra en los acantilados del Cantábrico.
Como todo eso.

Dar vueltas infinitas a un limonero en un patio sevillano,
contemplar el mar nuestro desde un mirador cartagenero,
acoger la brisa suave de La Manga y a su arena,
soñar con tiempos clásicos ya olvidados en un enruinado teatro romano.
Como todo eso.

Admirar el Escorial desde el pico de Abantos,
las fiestas de un pueblo burgalés en honor al que perdió la cabeza,
el horizonte visto desde el castillo de Morella,
un baño en las faldas del Almanzor,
el corte del Tajo a su paso por Toledo,
el mirador de San Nicolás o las calles del Albaicín,
los arcos de herradura bicolores y el Mihrab cordobeses.
Como todo eso.

Asomarse al abismo de la foz de Arbayún,
relajarse en un par de butacas cómodas en Guadalupe,
helarse en las piscinas naturales de Arenas de San Pedro,
recibir la hospitalidad de un pueblo valenciano,
descender los cañones de un río pirenaico,
besar un pilar de madera en la ciudad del Ebro,
acoger un chaparrón de verano en Cuatro Vientos,
contemplar una Sagrada Familia catalana que se eleva hasta el Cielo.
Como todo eso.

Como todo eso
o probablemente más,
fue mirarte,
susurrar
. la pregunta,
suspender
. el tiempo en un segundo,
contemplar,
esperar,
disfrutar,
paladear,
. tu Sí.

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