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Decía P.G.Wodehouse en uno de sus libros («Guapo, rico y distinguido») por boca de uno de sus personajes que: «La experiencia me ha enseñado que nunca se sabe con quién va a casarse uno en este mundo». Es muy probable que esta sentencia me aplique – el tiempo lo dirá -, pero lo que no tengo tan claro es que aplique a mi prometida cuando me regaló por mi cumpleaños, allá por marzo, El amor o la fuerza del sino, de mi tan querido G.K.Chesterton.

Si por algún casual eres lector asiduo de este blog, el autor inglés será ya para ti como mínimo como aquel sesentón bien vestido que te encuentras en el bus todos los días para ir al trabajo o a la universidad. Sin embargo, si caíste por aquí como un paracaidista, lo mínimo que has de saber de G.K.Chesterton es lo que dicen de él hasta sus enemigos: «Un apóstol del sentido común». «El príncipe de las paradojas». «El trovador de la familia». «El hombre montaña». Con las primeras frases puedes imaginarte su talla intelectual. Con la última puedes imaginarte su talla física (medía 1.93m y pesaba 130kg).

La obra que nos ocupa en esta ocasión no es una novela ni un ensayo en sí mismo, como lo son Herejes, El hombre eterno o Ortodoxia, sino una antología, una colección de ensayos y poesía sobre el matrimonio, el amor, la familia, los niños, el divorcio y la Navidad. Con semejante declaración de intenciones es difícil resistirse, pues estos temas son universales. Y leyendo estos ensayos, como comenta Álvaro Silva en el prólogo: «El lector imagina a Chesterton enarbolando su bandera y presto al combate».

Luchamos por el gremio y la cita de dos amantes; por memorias que nunca mueren y por el posible encuentro entre los seres humanos; por todo aquello que hace de la vida todo menos una pesadilla incontrolable. Luchamos por el brazo largo del honor y del recuerdo; por todo lo que puede levantar a un ser humano por encima de las arenas movedizas de sus propios estados emotivos, y darle el dominio sobre el tiempo pasajero.

G.K.Chesterton, «El amor o la fuerza del sino»

En pocas ocasiones he leído algo tan genuinamente romántico como en esta antología. El verdadero romanticismo no aparece como un «enamoramiento» o un producto de consumo de bodas.net, sino como una construcción del amor basado en la entrega mutua, por encima de emociones y sentimientos que suelen ser más bien pasajeros. Y esto, si se conoce un poco la vida de Chesterton, refuerza todo lo que escribió sobre estos temas, pues además de una salud delicada y problemas con su espalda, existía en su mujer una dificultad fisiológica que le impedía el placer físico de la unión sexual. No pudieron tener ni un hijo.

Descubrir este detalle de su vida tuvo en mí un efecto casi catártico. Ya que has llegado hasta aquí, puedo incluso confesarte que muchas de las reflexiones de este libro tuvieron mucha influencia en mi salto de fe. Y si esto no es suficiente elogio para él, baste decir que lo considero ya uno de mis libros de cabecera a la hora de colocar en su sitio cualquiera de estos temas universales.

Por poner un ejemplo concreto: «De todas las ideas modernas engendradas por la mera abundancia material, la peor de todas es la idea de que la vida familiar es aburrida y sosa. […] La verdad es que, el hogar es el único sitio donde hay libertad, […] el único sitio en la tierra en que un hombre puede alterar de repente cualquier plan, puede hacer un experimento o permitirse un capricho». Con una frase tan sencilla como esta cogida casi al azar se espantan mil y un demonios que aparecen en la mente de un chaval de mi generación cuando se imagina una vida casado.

¿Buscas libertad? Átate, pues: «Ser fiel a una mujer es un precio pequeño por algo tan grande como ver a una mujer». ¿Buscas el amor? Tómalo en serio y cásate: «Muchos hombres han tenido la suerte de casarse con la mujer que aman. Pero tiene mucha más suerte el hombre que ama a la mujer con la que se ha casado». ¿Buscas paz? Prepárate para la guerra y quema tus naves.

Hay una emoción que sólo es conocida por el soldado que lucha por su propia bandera, por el asceta que se muere de hambre por su propio alumbramiento espiritual, por el amante que finalmente toma su propia decisión. Y esta disciplina de transfiguración de uno mismo es la que hace del voto o promesa algo verdaderamente inteligente. […] Se alzará desde el puerto la llama dominante anunciando que se ha acabado el reino de los cobardes y un hombre está quemando sus naves.

G.K.Chesterton, «El amor o la fuerza del sino». Texto original publicado en The Speaker, 1901.

Tú ya lo sabías desde el principio. Gracias, Gilbert.

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