Cuando uno escucha el nombre de Charles Dickens lo más habitual es que le venga a la mente su famoso Un cuento de Navidad y alguna de las adaptaciones cinematográficas que se han hecho del mismo a lo largo de la historia del cine y que forman parte de la infancia de muchos (como la conocida versión La navidad de Mickey que hizo Disney). Sin embargo, Charles Dickens es mucho más que Un cuento de Navidad, pues fue uno de los escritores más relevantes de todo el siglo XIX. De él había leído dos novelas: la también muy conocida Historia de dos ciudades y otra más inédita llamada Barnaby Rudge, ambas superando las 500 páginas (parece que Dickens era muy de escribir historias extensas). Sin embargo, de la que vamos a hablar en esta entrada es de una de las obras maestras del escritor inglés: Grandes esperanzas (1861), su penúltima novela, llegada a mis brazos como regalo de un buen amigo.

Argumento

En Grandes Esperanzas, narrada en primera persona, el protagonista es Pip, un niño huérfano criado por su tía y su marido Joe, el afable herrero del pueblo. Un día como otro cualquiera, Pip tiene un encuentro pavoroso con un fugitivo de prisión que le pide víveres y una lima. Asustado, el pequeño Pip ayuda al preso, acción que le perseguirá toda la vida. Un tiempo más tarde, el pequeño es reclamado a la lóbrega mansión de una rica dama para ser el compañero de juegos de su sobrina Estela, una niña hermosa y altiva. Con ella Pip descubre por primera vez que sus manos son bastas y sus botas demasiado gruesas, es decir, que es pobre y torpe hasta la médula. Hasta que un día todo cambia cuando recibe una misteriosa fortuna de un benefactor secreto que desea hacer de él un verdadero caballero inglés.

Dickens dominará toda la Inglaterra del siglo XIX; él solo ocupará el pináculo.

G. K.Chesterton

Comentario

Cuando uno lee a Dickens tiene la sensación de estar asistiendo a la lucha de un hombre contra su propia naturaleza, al combate de una vida que busca redimirse aunque sabe que no lo merece. En Grandes Esperanzas (y en las otras novelas suyas que he leído) existe ese desvelo en el que el protagonista, Pip en nuestro caso, es plenamente consciente de su indignidad, no tanto por el hecho de haber recibido una fortuna caída del cielo sino por haber abandonado a su tío Joe, quien fue siempre bondadoso con él y era su amigo más fiel. Esta contradicción interna que vive Pip entre sus grandes sueños de prosperidad y amor al lado de Estela, y el avergonzarse de sus orígenes humildes pero sin embargo felices, marca su carácter y sus decisiones a lo largo de toda la narración.

De esta forma, Dickens va construyendo poco a poco un retrato psicológico de todos los personajes a lo largo de la vida de Pip, como el buen vino que ha de madurar la uva para obtener su sabor. En este mundo atropellado y sediento de experiencias y acción constante de hoy esta forma de contar una historia se le hará bola a muchos – ¿quién necesita 500 páginas para narrar algo que podría resumirse en la mitad? -. Sin embargo, como todo proceso que se acelere más de la cuenta, Grandes Esperanzas habría sido una ruina si se hubiera precipitado así. Y esto sólo lo entenderás, querido lector, si eres constante hasta el final, porque en toda vida hay un momento en el que los acontecimientos se precipitan… y, si toda novela es una vida en sí misma, la vida de Pip no iba a ser diferente.

Un final que, a modo de curiosidad, fue reescrito dos veces para complacer al gran público inglés porque no aceptaron que todo terminara así.

Conclusión

En definitiva, Grandes Esperanzas te gustará si no temes a las novelas que se construyen poco a poco, si disfrutaste con autores ingleses del s.XIX como Conan Doyle, Mary Shelley o H.G.Wells, si eres fan de series como The Wire (por lo lenta) o disfrutas de las grandes historias. Esas en las que sus protagonistas se rendirían si pudieran pero no lo hacen.