En estos tiempos raros en los que todo invita a la claustrofobia y a lo espeso, al bote hermético de melocotones en almíbar y al ángulo obtuso; en estos tiempos, como digo, en que empieza a verse, pese a todo, algo de claridad al final del pasillo del subterráneo, recordamos cuando Madrid fue Madrid. Hoy, con una firma invitada que esperamos que no sea anómala sino más bien corriente.

Por Raquel Castejón

El canto de sirenas, los conciertos; sola o en grupo; in extremis o planeados y fallidos años vista. Los propósitos frustrados de visitar museos… Cada domingo un nuevo café donde merendar mientras me autoconvenzo de que no estoy trabajando.

Una lata rápida en el banco de la Salse; las quejas -que ya no lo son tanto- del kebab y el bar de la Loca. Negarme a pisar Vistis en invierno.

El coche de Almu, las terrazas con Santi, los domingos de exiliados en familia.

Las socias del Johnny, la visita conyugal de la Complu. Ex libris bisiesto, gente suelta, y más a mano.

Agosto en la Paloma, los viajes a Bayona…

El 80, el Capillitas y el guapo del poke. Los “te quiero y no por esto”, las urgencias previsibles y los “socorro” del departamento de perlicas.

Perderme en los recados del sábado y encontrarme con ‘La alegría de la huerta’. Volver a perderme hasta media tarde en cualquier rincón de la ciudad.

“No hay nada en la nevera”, “hoy tampoco me inspira cocinar…”
“Mi barrio es muy barrio”, “en Madrid está todo al lado…”.

Su amalgama de aire, que tiñe la piel y los pulmones, pero que no cambio.
Ahogar las ganas de fumar, los “necesito escaparme dos días al pueblo”

El latido 24/7, la multiplicación de los bares y los frikis. Prosperar del Bernabéu a lo que resta del Calderón.

Los cuentos que me cuento con las cuentas a principio de mes.

La cuesta de Moyano, las cuestas por doquier; las de enero cada mes. Las maratones continuas.

Los churros, que no porras, reservados y congelados hasta después de Pascua.

“La semana que viene probamos otro bar”, “este verano organizamos un viaje con tiempo”; “podríamos ir a las pozas de la sierra los findes agosteños…”

Ahora que el calendario hace trampas, que las alegrías diarias se tienden con pinzas en las terrazas al mundo…. Ahora que robamos el tiempo cíclico a los clásicos; ahora, ahora es cuando apreciamos ir del metro al cielo, con o sin mascarilla; de las provincias al corazón del país.

Ojalá más pronto que tarde vuelva Madrid a Madrid. Pues mi yo, más que nunca inquieto, sueña con regresar… ¡Y a vivir!