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A Esperanza Ruiz llevo siguiéndola en Twitter desde hace un tiempo, probablemente desde que escribió un artículo titulado Whiskas, satisfyer y lexatin. El texto, que se hizo viral enseguida, estaba inspirado en un tuit de Nacho Raggio, un tuitero que días antes había resumido la portada de la revista The New Yorker de diciembre de 2020 en estos tres productos tan reveladores: una marca de comida para gatos, un juguete sexual de gran éxito en ventas y un fármaco para poder dormir.

La irreverencia del tuit y la piel fina de los de siempre acabó con la cuenta del tuitero suspendida por incumplir las reglas de Twitter. Sin embargo, también inspiró el artículo de Esperanza Ruiz que ha acabado dando título al libro que hoy nos ocupa. El texto hablaba de Flora, «una mujer libre e independiente» que «nació a principios de los 90 en algún punto de la España vaciada que le cuesta confesar, sobre todo cuando está malasañeando o chuequeando los findes por la mañana». Eran tiempos de mascarilla obligatoria, estados de alarma, teletrabajo 100% y quedadas por Zoom que la autora alicantina supo retratar magníficamente en la piel de Flora.

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El artículo no tiene desperdicio y casi merecería la pena comprar el libro para leerlo (he sido incapaz de encontrarlo con una simple búsqueda en internet, suponemos que por motivo de la edición libraria del mismo), pero no seríamos justos si redujéramos la obra a un solo artículo. Hay mucho más. No por casualidad Whiskas, Satisfyer y Lexatin se estructura en cinco bloques: Apuntes sobre nuestra época, Formas, Perfiles, Amor y Y tres relatos.

Portada de «Whiskas, satisfyer y lexatin», de Esperanza Ruiz. A la autora podemos leerla en medios como El Debate, The Objective, la revista Centinela y El Español.

En el primer bloque es donde encontramos el artículo de Whiskas, así como tantos otros ensayos críticos sobre la sociedad moderna de hoy (deberíamos vigilar el concepto de posmodernidad, ¿o no?), donde la autora reparte a diestro y siniestro al más puro estilo John Wayne. Especialmente brillante me pareció el de «La ley innata», título del álbum de Extremoduro y de extrema actualidad a la vista de las últimas decisiones de la Corte Suprema de los EEUU (y no diré más para no hacer spoilers).

En Formas, los artículos tienen como denominador común la moda y el buen gusto en el vestir lamentando la pérdida de la elegancia (entendida con el icono de Gary Cooper como referencia), mientras que en Perfiles, acudimos al retrato literario -y a menudo psicológico- de escritores como Ramón J. Sender o políticos como Martínez-Almeida, Rita Barberá o Bea Fanjul. Los artículos de estos dos bloques son interesantes pero exigen estar al día de la actualidad y conocer la multitud de referencias de todo tipo que salpica Esperanza Ruiz por todos ellos.

Son los dos últimos bloques (Amor y Y tres relatos) donde a mi juicio la autora brilla más, quizás porque es donde se adivina más su intimidad. No creo que mi opinión favorable esté determinada por que leyera «Abuelos» o «Maternidades» en el avión de camino a Sri Lanka dos días después de mi boda. Estos artículos me habrían tocado dentro igualmente aunque los hubiera leído en un mal momento o estuviera enfadado con mi abuela o con mi madre.

Tampoco creo que el relato de «Heroína de barrio» me helara la sangre porque perdiera el libro en el bus justamente después de leerlo. Que la autora al enterarse por Twitter decidiera restaurar mi pérdida enviándome el libro dedicado por correo es un hecho que tan sólo me ha animado a sacudir el polvo del teclado y escribir una reseña después de más de seis meses sin publicar por aquí. Los tres relatos del final del libro brillan por sí mismos sin necesidad de todo eso. Espero, querido lector, que Esperanza se anime en el futuro a una incursión en el mundo de la novela y podamos seguir comentándola por aquí.

En definitiva, Whiskas, satisfyer y lexatin es una colección de ensayos y artículos donde Esperanza Ruiz se ha destapado definitivamente como una escritora a tener en cuenta, sobre todo en la nueva tribu que algunos ya etiquetan como derechita punk. Sin embargo, en sus escritos hay mucho más que política, costumbrismo y malos huyendo del poblado en el lejano Oeste; hay femineidad, inteligencia y una mirada que refresca porque hoy parece escasear. Como el agua clara que baja del monte. Hay clásico, pero con un twist.

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