«No hay nada que indique de forma más extraña un enorme y silencioso mal de la sociedad moderna que el extraordinario uso que la actualidad hace de la palabra ortodoxo. En otros tiempos, el hereje se enorgullecía de no ser un hereje. Los reinos del mundo, la policía, los jueces: ellos eran los herejes. Él era ortodoxo. No sentía ningún orgullo por haberse rebelado contra ellos: eran ellos los que se habían rebelado contra él. Los ejércitos, con su seguridad cruel; los reyes, con su gélida faz […] Todos ellos, como ovejas, habían perdido el rumbo. Él, repito, estaba orgulloso de ser ortodoxo, orgulloso de estar en lo correcto. […] La palabra herejía no sólo no significa ya estar equivocado: prácticamente significa ser lúcido y valiente. La palabra ortodoxia no sólo no significa ya estar en lo correcto, sino que prácticamente quiere decir estar errado. Todo esto supone una cosa, y solamente una: que a la gente ya no le preocupa estar en lo correcto desde un punto de vista filosófico

Así comienza Herejes, del señor Gilbert Keith Chesterton (1905), querido lector; escritor del que ya habrás oído hablar en más de una ocasión si visitas de vez en cuando este blog. Ortodoxia (1908), El hombre eterno (1925), El poeta y los lunáticos (1929) o las narraciones del Padre Brown son otras de las obras de este autor inglés que tienen ya la fuerza de los clásicos.

Herejes fue publicado en 1905, cuando Chesterton tenía tan sólo 31 años, ya había pasado su etapa de juventud agnóstica militante y llevaba cuatro años casado. Su mujer, anglicana practicante, en principio parece que le ayudó a acercarse al cristianismo, pero su conversión a la Iglesia católica no llegaría hasta 1922.

No puedes evadir el tema de Dios, siendo que hables sobre cerdos, o sobre la teoría binominal estás, todavía, hablando sobre Él. Ahora, si el cristianismo es… un fragmento de metafísica sin sentido inventado por unas pocas personas, entonces, por supuesto, defenderlo será simplemente hablar de metafísica sin sentido una y otra vez. Pero si el cristianismo resultara ser verdadero – entonces, defenderlo podría significar hablar sobre cualquier cosa, o sobre todas las cosas. Hay cosas que pueden ser irrelevantes para la proposición sobre que el cristianismo es falso, pero ninguna cosa puede ser irrelevante para la proposición sobre que el cristianismo es verdadero»

DAILY NEWS, G.K.Chesterton, 12 de diciembre de 1903

En el momento en que escribió Herejes, por tanto, su carrera literaria acababa de empezar a rodar. Este hecho, sin embargo, no le impidió pasar revista en esta obra a todos los escritores de referencia de la época, entre quienes se contaban George Bernard Shaw (Hombre y superhombre), H.G.Wells (La guerra de los mundos, La máquina del tiempo) o Rudyard Kipling (El libro de la selva).

Chesterton critica en Herejes, así, a esta serie de intelectuales consagrados, cada uno con su enfoque particular y todos inevitablemente equivocados. ¿En qué consistía el error herético – en el sentido moderno que abría esta entrada – de la intelectualidad de finales del s.XIX y principios del s.XX? Podríamos resumirlo en la idea expresada por Shaw: La regla de oro es que no hay regla de oro. Y, si no hay regla de oro, no podemos componer un mapa intelectual que guíe el curso de nuestra propia existencia, no puede existir un criterio que nos ayude a juzgar, a advertir lo que es valioso: a buscar una respuesta a la pregunta sobre qué es lo bueno.

Debemos estar interesados en esa parte más oscura y más real del ser humano, en la que residen, no los vicios que oculta, sino las virtudes que es incapaz de mostrar

HEREJES, G.K.CHESTERTON, P.49

De ahí nace la crítica de Chesterton y es justo ahí donde adquiere toda su fuerza su estilo repleto de paradojas y juegos de palabras; justo al darse cuenta de la contradicción interna del relativismo, que es incapaz de alcanzar una visión de conjunto sobre las cosas.

Pero el autor inglés no se limita a criticar a sus colegas del gremio, sino que ofrece al lector todo un abanico de ideas originales repletas de los dos sentidos más importantes: el sentido común y el sentido del humor. Aunque quizás sus ideas nos parezcan originales porque hemos dejado de hablar (y escuchar) con sentido común.

Un hombre debería hacer ejercicio no porque está muy gordo, sino porque le gusta la caza o los caballos o la alta montaña, y porque le gustan por sí mismos. Un hombre debería casarse porque se ha enamorado, no porque sea necesario poblar el mundo.

Herejes, g.K.Chesterton, p.56

La belleza y el éxito, el orgullo y la humildad, los vicios y la verdad, el superhombre, el nacionalismo y el patriotismo, la guerra, los celtas, los ingleses; la religión, la modernidad, la libertad, la bebida, los barrios pobres, Irlanda, la fe: el hombre. Todos estos son algunos de los temas que componen las 222 páginas del ensayo sobre los herejes. No por nada es uno de los libros que más he subrayado nunca (eso sí, con lápiz). La traducción de Acantilado es muy buena y su lectura, a diferencia de otros libros del autor, me resultó sencilla y amena, espero que no simplemente porque ya me he acostumbrado a su estilo.

Sin duda una obra que recomiendo a todas luces y pasa a formar parte de mis libros de cabecera.

Bebe cuando seas feliz, nunca porque seas desdichado. No bebas cuando te sentirías mal de no hacerlo, o serás como los hombres de cara gris que beben ginebra en los barrios más míseros; bebe cuando serías feliz aun sin beber, y serás como los risueños campesinos de Italia. Nunca bebas porque lo necesitas, porque eso sería un beber racional: el camino a la muerte y el infierno. Bebe porque no lo necesitas, porque eso es un beber irracional, y la antigua salud del mundo.

HEREJES, G.K.CHESTERTON, P.75
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